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Chancay: cuando el Perú dejó de mirar el Atlántico y apostó por el Pacífico

Por: Diana Paola Bueno Gálvez
Estudiante de la carrera de Administración y Negocios Internacionales
Campus Trujillo
febrero 25, 2026
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Durante años, el Perú fue visto como un punto secundario en el comercio del Pacífico. Hoy, con la construcción del Puerto de Chancay, esa realidad comienza a cambiar. Impulsado por la inversión de Cosco Shipping Ports y capital peruano, este proyecto no es solo infraestructura: es una apuesta estratégica que conecta a Sudamérica con Asia y posiciona al país como un nuevo eje logístico del Pacífico Sur.

 

Desde una mirada económica, este proyecto rompe con una inercia histórica. Sudamérica ha dependido excesivamente del eje atlántico y del Canal de Panamá, incluso cuando sus principales mercados de crecimiento se ubican en Asia. El Puerto de Chancay ayuda a corregir un sistema ineficiente: reduce tiempos, costos y la dependencia de rutas congestionadas. En el comercio internacional, estas variables no son detalles técnicos; son factores que definen competitividad, precios finales y capacidad de expansión empresarial.

 

El involucramiento de capital chino, liderado por Cosco Shipping Ports, ha generado debate, muchas veces más ideológico que técnico. Sin embargo, desde la óptica de los negocios, la pregunta relevante no es quién invierte, sino cómo el país anfitrión aprovecha esa inversión. El Perú no está cediendo soberanía comercial; está capitalizando su ubicación geográfica, su estabilidad macroeconómica y su red de tratados de libre comercio para convertirse en un hub logístico confiable en la región. La clave estará en la gobernanza, la regulación y la capacidad del Estado para acompañar el crecimiento del puerto con infraestructura complementaria.

 

La presencia del Puerto de Chancay también obliga a repensar el desarrollo interno. Un hub logístico de esta magnitud no puede funcionar como un enclave aislado; requiere carreteras eficientes, ferrocarriles, zonas industriales, servicios logísticos y capital humano especializado. Aquí surge una oportunidad —y un riesgo—: si el país no articula políticas públicas y privadas, el impacto podría concentrarse en un solo lugar o empresa; si lo hace bien, el efecto multiplicador puede transformar economías regionales enteras.

 

En el plano geopolítico, el puerto se convierte en una pieza silenciosa pero poderosa. Mientras el Canal de Panamá enfrenta restricciones estructurales por el cambio climático y la congestión, Chancay aparece como una alternativa real para el comercio transpacífico. No reemplaza al canal, pero sí lo complementa y, en algunos flujos, lo desafía. En un mundo donde las rutas comerciales son también rutas de poder, el Perú ha dado un paso que pocos países de la región se atrevieron a dar.

 

La gran pregunta ya no es si Chancay será importante —eso parece inevitable—, sino si el Perú está preparado para pensar y actuar como el hub que dice querer ser. El puerto es la puerta; el desarrollo vendrá de lo que sepamos hacer con ella abierta.

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