
Inteligencia artificial y mercados internacionales: ¿ventaja competitiva o nueva brecha global?
Docente de la Escuela de Administración y Negocios Internacionales
Campus Trujillo

En la economía actual, la Inteligencia Artificial (IA) ha pasado de ser una opción a ser el estándar de oro para cualquier empresa internacional. Su verdadero valor no está solo en la eficiencia diaria, sino en cómo ayuda a prever el futuro y tomar decisiones estratégicas. De hecho, investigaciones de Gartner indican que el 80 % de los ejecutivos considera que la automatización y la IA pueden aplicarse a cualquier decisión de negocio para obtener ventajas competitivas sostenibles (Gartner, 2023, Top Strategic Technology Trends for 2024). Básicamente, es lo que permite a una organización romper con lo convencional para liderar en mercados que exigen, cada vez más, resultados inmediatos y precisos.
Pero seamos claros: esta visión tan positiva nos deja una duda razonable que no podemos ignorar. ¿Está la IA realmente al alcance de todos o se ha convertido en un privilegio de unos pocos? Según la ONU, el mercado de IA rozará los 4,8 billones de dólares en 2033, pero el 40 % de la inversión privada se concentra en solo 100 corporaciones de EE. UU. y China (Technology and Innovation Report 2024, Naciones Unidas). Asimismo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que las economías de bajos ingresos presentan la menor preparación en infraestructura y capital humano para adoptar esta tecnología (AI Preparedness Index, 2024). Actuar ahora es vital: de lo contrario, la IA dejará de ser una herramienta de progreso para convertirse en una distancia insalvable para quienes hoy se quedan atrás.
Sin embargo, este despliegue tecnológico tiene su propia "letra pequeña". Si nos volvemos dependientes de los algoritmos, corremos el riesgo de “anestesiar” el criterio humano, esa brújula que ninguna máquina puede replicar en la alta estrategia. De hecho, investigaciones de la Harvard Business School revelan que la confianza ciega en la IA para tareas complejas puede reducir la precisión en la resolución de problemas hasta en un 19 %, evidenciando que el uso indiscriminado de estas herramientas puede deteriorar el juicio humano en contextos que requieren análisis y criterio (Dell'Acqua et al., 2023). Confiar ciegamente en sistemas automáticos nos hace perder de vista la realidad de cada mercado. La IA pone la información, pero la empatía para interpretarla es, y será siempre, nuestra.
Más allá de la técnica, la IA toca el corazón de los equipos: sus miedos y su estabilidad. No basta con instalar un software; el reto es abrazar la incertidumbre de quienes ven la automatización como una amenaza. Si no capacitamos con empatía, la tecnología será una barrera y no una ventaja. En los mercados globales esto es vital: el progreso real solo ocurre cuando entendemos que detrás de cada algoritmo hay personas con historias y realidades que no podemos ignorar.
Para que la IA sea una ventaja competitiva real, debemos verla como una aliada que potencia nuestro talento, nunca como su reemplazo. Las empresas que triunfan afuera son aquellas que evolucionan cuidando a su equipo. De hecho, International Business Machines Corporation (IBM) estima que el 40 % de la fuerza laboral mundial deberá aprender nuevas habilidades para colaborar con la IA en los próximos tres años (IBM, 2023). La tecnología aporta valor, pero el crecimiento solo es sostenible si pone a las personas en el centro. La meta es clara: competir al más alto nivel internacional, asegurándonos siempre de que cada avance respete y valore la esencia del esfuerzo humano.
En conclusión, la IA no es una varita mágica que asegura el éxito por sí sola. Las empresas que logren balancear la calidez del juicio humano con la precisión de los datos, y no las que simplemente acumulen algoritmos, serán las que realmente consigan una ventaja competitiva en el contexto global. Si logramos eliminar las disparidades en el acceso y situamos el bienestar y la formación de los individuos como el núcleo de cada progreso, la inteligencia artificial dejará de ser una amenaza para transformarse en el puente hacia un mercado global más equitativo y eficaz. Finalmente, el avance solo tiene sentido si la tecnología trabaja para nosotros, mejorando esa sensibilidad y talento que ninguna máquina podrá reemplazar jamás.