madres-que-inspiran-historias-literatura-y-amor

Madres que inspiran: historias, literatura y amor que trasciende generaciones

Por: Carmen Plaza Abanto
Directora artística, autora e ilustradora
Centro de Difusión Científica y Cultural UCV
mayo 8, 2026
Compartir
madres-que-inspiran-historias-literatura-y-amor

Mamá, madre, mamita, madrecita, mamasita, mami, ma… mi viejita.
Todas estas formas de nombrarla intentan abarcar a ese ser inmenso: el corazón de nuestra casa, la ley del hogar; aquella que, incluso cuando nos regaña, hace que sus palabras resuenen con dulzura, aunque a veces estén acompañadas de agudos, o con su mirada que dice más de mil palabras.

En nuestra tradición peruana, es una de las fechas más celebradas, aquella que hace que, desde donde te encuentres, regreses a casa.

Quizás fue ella quien puso un libro en nuestras manos por primera vez, o quien, desde su vientre, nos arrullaba con su voz, contándonos historias y cantándonos canciones. O tal vez, a través de los relatos de su propia vida, fuimos construyendo en nuestro imaginario quién era mamá antes de nosotros. Porque mamá también fue niña, esa jovencita que, con sueños y miedos, fue creciendo.

La figura de la madre siempre está presente en las historias. Muchas veces es fuente de inspiración en la obra de los artistas: recordemos los poemas de César Vallejo, las cartas de Abraham Valdelomar, las narrativas de Alfredo Bryce Echenique, y cuánto marcó su ausencia en José María Arguedas. La lista es infinita. Pensemos también en los monólogos de Carlos Alcántara, o en el cine con La teta asustada, de Claudia Llosa, y Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar.

La música tampoco es ajena a este tema, y en la literatura infantil y de formación aparece con fuerza en obras como Cuore, de Edmondo De Amicis, donde se retrata una Italia atravesada por la migración y las despedidas familiares. Allí surge también el relato de Marco, que inspiró la serie animada 3000 Leagues in Search of Mother, dirigida por Isao Takahata, conocida como Marco buscando a su mamá”, en la que el niño emprende un viaje desde Italia hasta Argentina en busca de su madre, que ha partido para buscar un futuro mejor, reflejando una realidad de la época en la que muchas familias se veían atravesadas por la migración.

Dentro del catálogo de Historias para Todos no es la excepción: nuestros títulos Mañana será, Ella, Lazos y ¿Cómo se lo digo a mi hija?. Si algo tienen en común todas estas obras, es que nacen pensando en mamá.

Y quizá ahí está lo esencial: el arte y la literatura son lenguajes universales, pero es en la figura de la madre donde muchas veces encontramos nuestras raíces más íntimas, ese punto de origen desde el cual todos, de alguna forma, nos reconocemos.

Y en esa presencia constante, vale detenernos en algo más cercano: incluso los nombres de los espacios que habitamos pueden guardar memoria afectiva. ¿Se han preguntado alguna vez por qué la plataforma de la universidad se llama Clementina? Tal vez, como tantas otras palabras que atraviesan este texto, también allí se esconde una forma de cuidado, de origen, de vínculo silencioso que acompaña sin imponerse.

Como cuenta Marinella Barigazzi, escritora de Mañana será, con ilustraciones de Natascia Ugliano, un día, regresando en tren a Milán tras visitar a su madre en el hospital, pensaba en el miedo a perderla. Fue entonces cuando inició la escritura a partir de una serie de interrogantes bajo la voz de un niño que, buscando respuestas sobre qué pasará cuando sea grande, se pregunta dónde estará mamá.

“¿Dónde estará mi mamá cuando yo sea grande
y sepa hacer todas las cosas que hace ella?
Será el perfume de mi casa impreso en mi memoria (…)
Mi mañana será
Una mamá que tomaré de la mano (…)”.

Si entramos ahora en las páginas de Ella, debo confesar a todos mis lectores que nunca imaginé que este libro podría ser tan potente para quienes lo leen. Pienso que esto se debe a la gran dosis de verdad que atraviesa la obra. Hemos llegado a la tercera edición.

Estructurado en un registro coral, cada apertura reúne microrrelatos de mujeres. En esas voces se afronta, desde las primeras páginas, la dificultad de maternar y cómo el camino puede ser largo para llegar a ser madre. Incluso, en uno de sus pasajes, nos encontramos con una verdad también dolorosa: no llegar a concebir, a pesar de todos los intentos.

Ella aborda la maternidad desde distintas capas. Nos sitúa también en la experiencia de la lactancia, ese momento de la vida que algunas vivieron a plenitud y otras decidimos no experimentar. En ello reside también la complejidad de maternar: Ella tiene miles de matices. Ella tomará sus decisiones”.

La obra encuentra además un instante profundamente conmovedor cuando nos dice: Ella quizás nunca la llegaste a conocer (…) ella se fue, pero vive en ti”.

Ella es, finalmente: un refugio, abrazos que te envuelven haciéndote sentir seguro”.

El ilustrador Alessandro Coppola es quien me acompañó a dar vida a Ella a través de sus imágenes. Él fue criado por sus tres mamás: su abuela, su tía y su madre.

Yo, por mi parte, dediqué el libro a mi Lalita, que vive en mí, y a Domenica y Matteo, que son el milagro de la vida, la ciencia y el tiempo.

La belleza de los libros es esta: todas las historias, más allá de las palabras e imágenes que las construyen, contienen historias de cómo fueron concebidas. Y cuando la literatura y el arte toman vida, hacen que los lectores se reconozcan en ellas y puedan ser hilos invisibles de diálogo.

También los invito a valorizar el significado de regalar un libro, ese gesto puente que dice siempre en silencio: te quiero, te comprendo, todo pasará, hay algo que no te he dicho, o incluso: ríete, ese personaje eres tú.

Como en Lazos, con texto de Nadia Al Omari e ilustraciones de Richolly Rosazza, que nos dice: Los lazos unen sin obligar”. Nos pone frente al dilema de criar a nuestros hijos con alas de libertad y saber dejarlos ir a descubrir y construir su propio mundo.

Uno de los momentos que más me gusta de este título es cuando nos enfrenta a esa realidad que, cuando somos padres, a veces olvidamos: que nuestra vida también existía antes de los hijos, y no todo debe girar únicamente en torno a ellos. Es aquí donde esta historia, con un giro brillante, nos recuerda que toca volver también a reconstruirnos a nosotros mismos, recordando aquello que nos hacía felices antes de maternar.

La planta inexplicablemente parecía flotar en el aire.
La abrazamos, la acurrucamos tratando de detenerla,
pero después, incrédulos, la dejamos ir.
Los pájaros empezaron a volar, y ella con ellos.
Nos quedamos solo admirando aquel vuelo por un tiempo
indefinido, y continuamos mirando el horizonte
hasta que la planta ya no se veía más.
La íbamos a extrañar, pero nuestro corazón estaba en paz”.

Este título no nace por casualidad para los autores: ambos migraron a tierras lejanas, como lo expresan en sus palabras: Para nuestros padres, tierra fértil, y para nuestras hijas, criaturas amadas y libres”.

Otro de los títulos de la colección Historias para Todos que me divierte mucho es ¿Cómo se lo digo a mi hija?, con texto de Alessandro Coppola e ilustraciones de Gabriella Carofiglio. Desde el momento en que vemos su portada, es inevitable no pensar: ¿qué ha hecho…?

Este libro es un reflejo de la actualidad, de los cambios, y nos dice que no necesariamente tenemos que tener todas las respuestas. En cada giro de página vemos a esta madre desesperada queriendo hacer todo bien, y no siempre lográndolo. ¿Quizás todos somos un poco de este personaje?

Una curiosidad de esta obra es que la madre de la historia, en su apariencia, es muy similar a Gabriella, quien ilustró el libro. Ella, en pleno proceso de creación, afrontó muchos cambios en su vida que acompañaron también el desarrollo de la obra, como si la propia historia y la vida hubieran ido dialogando en paralelo.

“¡Ay, lo sabía! Tarde o temprano tenía que pasar… ¿Y ahora?
–¡
Madre… algo me dice que no me estás diciendo la verdad!”

Disfrutemos nuestra maternidad, no necesariamente perfecta, pero sí auténtica. Sin miedo a decir: estoy cansada, ayúdame, no puedo. Celebremos los 365 días a quien nos dio la vida.

Los recuerdos que construimos quedan impresos en nuestro ser. En mi caso, la voz de mi madre quedó en mi memoria desde que era niña. Ella siempre me cantaba:

Señora Santana, ¿por qué llora el niño?
Por una manzana que se le ha perdido.
Niño de mi vida, niña de mi amor,
duérmete hijita, pedacito de mi corazón”.

No hubo un día en que no me dijera te quiero”, y esa herencia la repito con Matteo.

Feliz día a todas las madres vallejianas, hechas de resiliencia, coraje y fuerza de superación. Desde Italia a Perú, reciban un abrazo fraternal a nombre de todos los autores de la colección Historias para Todos, producida desde el Centro de Difusión Científica y Cultural UCV.

Compartir