
Therianthropy: “entre la exploración identitaria y la evaluación clínica responsable”
Psicólogo clínico y docente de la Escuela de Psicología
Campus Tarapoto

Identidad, cultura digital y salud mental: en los últimos años, la llamada identidad therian ha ganado visibilidad a través de redes sociales y comunidades virtuales, generando preocupación en algunos sectores y, en otros, una aceptación acrítica. El debate ocasionado explica si es una “moda” o una “anomalía”, donde juegan un rol fundamental los procesos evolutivos normales para distinguir cuándo podría formar parte de un cuadro clínico. La adolescencia es una etapa de construcción identitaria —periodo de crisis normativa de identidad—, donde el individuo explora símbolos, pertenencias y contextos que le permitan integrar un sentido coherente de su personalidad e identificarse simbólicamente con características atribuidas a determinados animales en términos de “independencia, lealtad o sensibilidad”. Esto puede funcionar como un recurso de expresión sin considerarse una alteración psicopatológica.
Entre la normalidad y la psicopatología: la experimentación con roles y subculturas forma parte del proceso de individuación que, en entornos digitales, amplifica la visibilidad de identidades minoritarias que no constituye por sí misma evidencia de trastorno. En tanto, los entornos digitales facilitan la conformación de grupos de pertenencia que refuerzan identidades compartidas entre los jóvenes. Entonces es importante no confundir visibilidad con enfermedad. La clínica sugiere que el criterio diferenciador no es la conducta que se observa, sino el nivel de juicio de realidad y el impacto funcional de la persona. Los manuales de clasificación y diagnósticos no refieren la identidad therian como algo independiente; el análisis se centra en la presencia o ausencia de síntomas como ideas delirantes, desorganización conductual, deterioro significativo del funcionamiento social o laboral y malestar clínicamente significativo.
Una mirada prudente desde la psicología: en consecuencia, una idea rígida de transformación biológica, acompañada de desconexión con la realidad, sí obligaría a explorar un diagnóstico diferencial del espectro psicótico o disociativo, enfatizando que no toda experiencia inusual constituye enfermedad. Por ello, el análisis debe considerar el continuo entre normalidad y psicopatología desde un contexto de adaptación o inadaptación. Es relevante evitar el extremo opuesto, que implica normalizar sin evaluar. El objetivo no es la etiqueta identitaria, sino la condición subyacente a la conducta, la burla o la estigmatización, factores que generan riesgo de aislamiento y sufrimiento psicológico, mientras que la psicopatologización automática puede generar intervenciones innecesarias.
Una mirada equilibrada: la identidad therian, puede representar en algunos casos una expresión cultural o un proceso identitario transitorio propio del desarrollo. En otros, una identidad simbólica estable sin implicancias clínicas y, en un número reducido de situaciones, un fenómeno que exige evaluación profesional cuando se asocia a pérdida de juicio de realidad o deterioro funcional significativo. La respuesta psicosocial más prudente combina psicoeducación, observación y evaluación individualizada, recordando que en psicología lo diferente no es sinónimo de psicopatológico y que el criterio central continúa siendo el bienestar y la adaptación integral de la persona.
