
¿Las redes sociales informan o manipulan nuestras decisiones de compra?
Docente de la Escuela de Administración de Empresas
Campus Piura

En la actualidad, millones de personas consultan TikTok, Instagram o Facebook antes de tomar una decisión de compra, lo que convierte a estas plataformas en los espacios más influyentes del comercio moderno. Sin embargo, surge una pregunta que pocas veces nos hacemos con honestidad cuando elegimos un producto porque lo vimos en redes sociales: ¿estamos decidiendo con libertad o simplemente respondiendo a un estímulo cuidadosamente diseñado para que compremos? La distinción entre información y manipulación no es un detalle menor; es el núcleo de una discusión que compromete, tanto a los consumidores, como a los profesionales de la administración y el marketing. Cialdini (2021) advierte en su obra Influence que los principios de reciprocidad, escasez y prueba social, ampliamente explotados por los algoritmos de redes sociales, operan sobre los sesgos cognitivos del ser humano antes de que la razón tenga oportunidad de intervenir, lo que pone en evidencia que la frontera entre persuadir e influir ya es, en muchos casos, prácticamente invisible.
Los algoritmos de estas plataformas no fueron diseñados para informar al consumidor, sino para maximizar el tiempo de permanencia en pantalla y, con ello, la exposición a contenido publicitario. Un estudio de la Universidad de Nueva York reveló que los usuarios de redes sociales están expuestos a un promedio de 6000 impactos publicitarios diarios, la mayoría de los cuales actúa de forma subliminal, reforzando percepciones de necesidad que el propio consumidor no tenía antes de abrir la aplicación. A esto se suma el fenómeno del social proof o validación social, donde los comentarios, las reseñas y el número de seguidores de un influencer sustituyen al criterio propio, generando decisiones de compra basadas en la popularidad y no en la evaluación objetiva del producto. Kotler et al. (2023) señalan en Marketing 6.0 que el consumidor hiperconectado ha perdido progresivamente la capacidad de distinguir entre contenido editorial y contenido patrocinado, lo que convierte a las redes sociales en entornos donde la manipulación opera con el disfraz de la recomendación auténtica.
Afirmar que las redes sociales solo informan es tan ingenuo como afirmar que solo manipulan. La verdad, incómoda para muchos, es que hacen ambas cosas de manera simultánea y con una eficacia que depende directamente del nivel de alfabetización digital del consumidor. Por ello, resulta urgente que las universidades incorporen en la formación de administradores y especialistas en marketing una perspectiva crítica del comportamiento del consumidor digital, que permita diseñar estrategias responsables que informen con transparencia en lugar de explotar sesgos cognitivos. Porque una empresa que construye su crecimiento sobre la manipulación emocional de sus clientes no está construyendo una marca, está agotando la confianza que sostiene cualquier relación comercial duradera. La pregunta no es si las redes sociales informan o manipulan: la pregunta es ¿qué tipo de profesional queremos ser nosotros dentro de ese ecosistema, alguien que aprovecha los sesgos del consumidor o alguien que construye valor real a través de ellas?
