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Cambios políticos en Venezuela y perspectivas para el vínculo con el Perú

Por: Mgtr. Leonardo Castilla Jibaja
Director de la Escuela de Administración y Negocios Internacionales
Campus Ate
enero 13, 2026
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Después de una quirúrgica operación militar sin precedentes que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, aún se mantiene la incertidumbre sobre el futuro de Venezuela. Aunque se ha abierto un amplio debate sobre los argumentos a favor y en contra de esta situación, la realidad es que estas discusiones no modificarán la postura de la administración Trump.

 

En ese sentido, es pertinente cuestionarse si realmente se concretará una transición hacia la democracia o si se mantendrá el régimen chavista con las reformas y concesiones necesarias para que vuelva a atraer la inversión extranjera directa, prioritariamente estadounidense en materia petrolífera. Más allá de las afirmaciones del The Washington Post, donde se señala que Donald Trump habría decidido apoyar a Delcy Rodríguez como la sucesora de Maduro en reprimenda a María Corina Machado por no renunciar al Premio Nobel de la Paz 2025, la decisión parece más pragmática que infantil, ya que busca respaldar un esquema de continuidad institucional.

 

Si bien Machado simboliza las aspiraciones democráticas de un amplio sector de la sociedad venezolana, no deja de ser solo ello, un símbolo, una figura representativa sin control directo del aparato estatal. En contraparte, Rodríguez representa continuidad y poder. Uno que, con cierta contradicción en los argumentos de Trump de desconocer los resultados de los últimos dos comicios electorales venezolanos, garantiza legitimidad interna y la vía menos disruptiva para una transición, ya que no rompe radicalmente con el status quo.

 

Para el venezolano de a pie, este escenario sigue siendo incierto, aunque muchos analistas señalan que la situación actual representa una mejora relativa respecto al periodo de Gobierno de Maduro. No obstante, este contexto aún no es lo suficientemente atractivo para un regreso masivo de venezolanos que han encontrado mejores condiciones y oportunidades en los países donde han emigrado. Muchos han conseguido empleos relativamente estables o incluso han emprendido negocios, logrando insertarse progresivamente en los países de acogida.

 

Si bien el inminente cambio abre oportunidades para ser parte del nuevo rumbo que tomará el país, estas aún se perciben limitadas en el corto plazo como para regresar. Adicionalmente, el sector petrolífero, que Donald Trump señala como la principal fuente para generar el capital necesario para la reingeniería de la economía venezolana, requiere un ingente monto a ser invertido para la actualización y renovación de la infraestructura, así como la generación, atracción o importación de mano de obra cualificada que pueda realizar esta actividad, ya que muchos de estos profesionales fueron de los primeros en emigrar. Si le sumamos la necesidad de reformas que permitan posicionar nuevamente a Venezuela como una nación atractiva para invertir, se evidencia la necesidad de alcanzar una estabilidad política y económica sostenible que fomente un regreso de los migrantes; será un proceso complejo, prolongado y costoso.

 

Lo que sí puede esperarse es que las sanciones norteamericanas a Venezuela cesen gradualmente y el país se reinserte progresivamente a la economía internacional en un mediano plazo. Durante el régimen de Maduro, los lazos comerciales entre Perú y Venezuela se redujeron drásticamente debido al colapso económico venezolano, las sanciones y la ruptura diplomática. Para dimensionar: según datos de Veritrade (2026), las exportaciones peruanas a Venezuela en 2025 apenas sumaron US$137,9 millones. En contraste, el comercio bilateral tuvo mejores días previo a la crisis: en 2012, las exportaciones de Perú a Venezuela alcanzaron un récord de US$1.200 millones (Cien-ADEX, 2024). El año pasado, solo se exportó el 11 % de esa cifra.

 

Estos datos evidencian la contracción severa del mercado venezolano durante la última década. Asimismo, las importaciones peruanas desde Venezuela (principalmente derivados de hidrocarburos) fueron apenas US$7.1 millones en 2025 (Veritrade, 2026), reflejo de la paralización de la industria venezolana.

 

Con el actual Gobierno de transición sin Maduro en Venezuela, es previsible una reactivación gradual de los vínculos diplomáticos y comerciales, aunque su ritmo dependerá del grado de estabilidad política alcanzado y de la implementación efectiva de reformas económicas estructurales.

 

En conclusión, el escenario posterior a la salida de Nicolás Maduro abre una etapa de transición marcada por la cautela y la gradualidad. Si bien se identifican oportunidades para una estabilización institucional y una eventual reinserción de Venezuela en la economía internacional, estas no parecen suficientes, en el corto plazo, para incentivar un retorno masivo de la población migrante. Para el Perú, la normalización progresiva de las relaciones diplomáticas y comerciales podría traducirse en una recuperación paulatina del intercambio bilateral; sin embargo, dicho proceso estará condicionado por la capacidad del nuevo Gobierno venezolano para garantizar seguridad jurídica, reconstruir sectores estratégicos y consolidar un entorno político predecible. Más que un cambio inmediato, el panorama sugiere un proceso de mediano y largo plazo con impactos diferenciados en los ámbitos político, migratorio y económico.

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