
Cuando la ciudad aprende a resistir: la resiliencia urbana como respuesta a las crisis permanentes
Coordinadora de la Escuela de Ingeniería Civil
Campus Moyobamba

En el escenario actual, las ciudades se han convertido en el principal espacio donde confluyen los desafíos más complejos del desarrollo contemporáneo. Crisis económicas persistentes, desastres naturales cada vez más frecuentes, migraciones internas desordenadas, deficiencias en infraestructura básica y una creciente desigualdad social impactan con mayor intensidad a los países en vías de desarrollo, poniendo a prueba la capacidad de sus ciudades para adaptarse y sobrevivir.
Frente a esta realidad, cobra especial relevancia el concepto de resiliencia urbana, entendido no solo como la capacidad técnica de responder a emergencias, sino como una visión integral de planificación, gestión y adaptación que permite a las ciudades anticiparse, resistir y recuperarse de situaciones adversas. La resiliencia urbana implica pensar la ciudad como un sistema vivo, capaz de aprender de las crisis y transformarse a partir de ellas.
En el caso peruano, esta necesidad resulta aún más evidente. Al ser uno de los países más sísmicamente activos de Sudamérica, la gestión del riesgo y la planificación territorial adquieren un rol estratégico. Eventos como los sismos de Áncash (1970) y Pisco (2007) expusieron las debilidades estructurales de nuestras ciudades, evidenciando que la reconstrucción no debe limitarse a recuperar lo perdido, sino a fortalecer los mecanismos de prevención, adaptación y respuesta ante futuros desastres.
En contextos marcados por crisis recurrentes, la ausencia de una planificación urbana resiliente suele traducirse en ciudades altamente vulnerables: infraestructuras frágiles, crecimiento urbano desordenado y una limitada capacidad institucional para la gestión del riesgo. En este sentido, la infraestructura se convierte en un eje central de la resiliencia urbana. Sistemas de transporte, redes de agua y saneamiento, edificaciones y espacios públicos deben diseñarse considerando escenarios de riesgo, criterios de sostenibilidad y una visión de largo plazo.
Desde una perspectiva académica y profesional, la resiliencia urbana exige un enfoque interdisciplinario. Ingenieros, arquitectos, sociólogos, economistas y autoridades municipales deben trabajar de manera articulada para diseñar estrategias preventivas y adaptativas que permitan a las ciudades no solo “volver a la normalidad” después de una crisis, sino evolucionar hacia modelos urbanos más funcionales, inclusivos y sostenibles.
Para países como el Perú, históricamente afectados por crisis naturales y sociales, la resiliencia urbana se presenta como una herramienta clave para romper ciclos de vulnerabilidad, proteger vidas humanas y garantizar la continuidad del desarrollo urbano. Ignorarla equivale a perpetuar modelos de ciudad frágiles y excluyentes; incorporarla, en cambio, representa una oportunidad para transformar las crisis en aprendizajes y construir ciudades más seguras y preparadas para las generaciones presentes y futuras.