Mucho se comenta, actualmente, acerca de la vorágine de la aplicación, uso y rol de la inteligencia artificial (IA) dentro de un mundo cada vez más interrelacionado; en efecto, uno de los recientes pilares de desarrollo de operaciones en las organizaciones es la utilización de herramientas calificadas como IA, debido a que conlleva a agilizar procesos, simplificar acciones y hasta ahorrar costos en la medida que sean bien aplicadas y analizadas por la empresa. En Europa, el uso de la IA por parte de los gerentes financieros refleja un enfoque hacia la innovación y mejora de la eficiencia operativa, al mismo tiempo que buscan el equilibrio entre la tecnología, la ética y la seguridad de datos. En tanto, en América Latina ocurre algo similar en aspectos como atención al cliente, gestión de cadena de suministros y operaciones diarias.
¿Acaso ese escenario le brinda mayor tiempo disponible al gerente financiero para que se enfoque en la toma de decisiones?; pues, en ese contexto actual, la respuesta es sí, y por ello su labor se centra más en lo estratégico que en lo operativo generando mejores expectativas y resultados financieros. Sin embargo, una de las preocupaciones alrededor de ello es la ciberseguridad debido a los incontables ataques que van desde uso de deepfakes (suplantar la voz de los ejecutivos y gerentes) para, por ejemplo, crear supuestas inversiones que se ven altamente rentables, pero en realidad son grandes estafas; hasta fraudes complejos como el BEC (Business Email Compromise; fraude al CEO para engañar y solicitar a su nombre, dinero o datos a los empleados).
Ese panorama conllevará a destinar más fondos en la ciberseguridad de los negocios, y es aquí donde radica el rol del gerente financiero para alcanzar no sólo eficiencia corporativa sino además tener la data bajo cautela y mitigar el riesgo de robo de información. El uso de la IA constituye por tanto un elemento clave de gobernanza y no una mera moda vanguardista.
Además, el avance de la IA está impulsando una transformación profunda en los modelos de control interno, las herramientas basadas en aprendizaje automático permiten detectar anomalías en el momento en que ocurren, identificar patrones de riesgo y anticipar desviaciones presupuestales antes de que generen impactos significativos. Para el gerente financiero, esto implica pasar de un monitoreo reactivo a uno predictivo, donde la capacidad de anticiparse a los problemas se convierte en un valor estratégico. La automatización de auditorías continuas y la supervisión inteligente reduce tiempos, mejora la precisión y fortalece la transparencia en la gestión corporativa.
Por otro lado, la adopción de IA también plantea la necesidad de desarrollar nuevas competencias dentro del equipo financiero. No basta con dominar las herramientas digitales; se requiere comprender sus fundamentos, interpretar correctamente los resultados y cuestionar los sesgos que puedan emerger de los modelos algorítmicos.
El futuro se avizora impredecible en lo que respecta al uso de la IA; así lo manifiesta Ilya Sutskever, fundador de la empresa Safe Superintelligence al advertir que el desarrollo de sistemas avanzados podría llevar al punto en el cual la IA comience a perfeccionarse por sí misma, lo que desencadenaría en dificultades para que el humano comprenda y gestione lo que venga después, pero a la vez tendrá suficiente capacidad para proporcionar información mucho más selecta, útil y rápida para que personas como el gerente financiero la use obteniendo mayores beneficios para la organización.
Concluyendo, la IA no representa una amenaza inevitable para la gestión financiera, sino una oportunidad histórica para redefinir el rol del gerente hacia una visión más integral, analítica y predictiva, siempre que su adopción se sustente en criterios éticos, prudencia tecnológica y una adecuada inversión en ciberseguridad. La clave no es reemplazar el criterio humano, sino en potenciarlo mediante herramientas que faciliten decisiones más informadas y oportunas, sin perder de vista la responsabilidad que implica custodiar la información y el futuro de las organizaciones. En este escenario cambiante, el gerente financiero se convierte no sólo en un administrador de recursos, sino en un gestor del riesgo tecnológico y un garante del equilibrio entre innovación y control. Así, la IA deja de ser una moda pasajera para consolidarse como eje estructural del desarrollo corporativo, cuyo impacto dependerá, en última instancia, de la inteligencia con que sepamos integrarla al servicio del bien común y la sostenibilidad empresarial.
