
Kenji Matsumoto, el japonés que encontró en el Perú el misterio de la poesía de César Vallejo
Comunicador social
Campus Trujillo

En tiempos donde la inmediatez digital parece imponer su ritmo, la escena resulta casi improbable: un escritor japonés, de voz pausada y mirada reflexiva, habla con profunda admiración sobre César Vallejo en su visita a la universidad que lleva el nombre del poeta. No es una postal común. Es, más bien, una de esas raras coincidencias que confirman que la literatura sigue trazando puentes invisibles entre culturas.
Kenji Matsumoto (57) llegó a Trujillo como invitado especial de “Espergesia”, la actividad emblemática de la Universidad César Vallejo (UCV), donde fue distinguido con el grado honorífico de doctor honoris causa. Su presencia no solo marcó uno de los momentos más significativos del evento, sino que también dejó una pregunta flotando en el ambiente: ¿cómo un autor japonés termina dedicando su vida a estudiar a Vallejo?
La respuesta, según él mismo, no es racional
“Fue un azar”, dice, casi con naturalidad. “A los 21 años, cuando aprendía español y vivía en Lima, encontré sus libros. No entendía sus poemas, pero me fascinaban”.
Esa fascinación se convirtió en el motor de una búsqueda que continúa hasta hoy. Matsumoto no estudia a Vallejo para explicarlo completamente, sino para entender por qué lo conmovió desde el primer encuentro. “El estudio de Vallejo, para mí, es encontrar ese motivo que estuvo dentro de mí cuando leí sus poemas”, confiesa.
Su acercamiento inicial fue a través de la poesía anglosajona, pero el giro hacia la literatura latinoamericana marcaría su destino intelectual. Desde entonces, ha dedicado años a traducir y analizar la obra del poeta peruano, enfrentándose a uno de los mayores desafíos de la literatura: trasladar no solo palabras, sino universos culturales.

“En el nivel del vocabulario, se puede traducir. Pero en el nivel cultural es muy difícil”, explica. “Hay elementos que no existen en Japón. En esos casos, no hay otra opción que agregar notas, explicaciones. Es una lucha constante”.
Matsumoto recuerda, entre risas, algunos pasajes especialmente complejos. “Casi todo es complicado”, admite. Y no exagera: traducir a Vallejo implica lidiar con metáforas, contextos y giros profundamente peruanos, muchas veces intraducibles en sentido estricto.
A pesar de ello, su trabajo ha permitido que lectores japoneses se acerquen a una obra que, aunque conocida en círculos académicos, carecía de una imagen concreta. “Ahora, a través de mis traducciones, pueden tener una idea más clara de quién fue Vallejo”, señala.
En lo personal, su relación con la literatura también tiene un matiz íntimo. Vive con su esposa Maki desde hace más de dos décadas, quien, aunque no habla español, ha sido una lectora ocasional de sus traducciones. “A ella le gusta más la literatura infantil”, comenta con una sonrisa. “Pero a veces lee mis trabajos en japonés y me da su opinión. Eso es muy valioso”.
Más allá del ámbito académico, Matsumoto observa con optimismo el futuro de la literatura. Frente a una generación marcada por la tecnología, no duda en defender el valor insustituible de la palabra escrita. “Los poemas ofrecen un mundo muy rico que jamás podrá dar la inteligencia artificial”, afirma con convicción. “Seguimos necesitando textos escritos por alguien de carne y hueso”.
Sobre el destino de Vallejo, tampoco tiene dudas. “Los jóvenes lo van a leer, sí o sí”, asegura. Y lanza una afirmación que resuena especialmente en el contexto de la UCV: “Los estudiantes de esta universidad, que lleva su nombre, deben leerlo. Es una obligación”.
Su paso por Trujillo también le permitió descubrir una dinámica universitaria distinta a la de su país. “Este tipo de eventos no se ve en Japón”, reconoce. “Es estupendo. Espero que continúe”.
En una época donde la literatura parece luchar por mantenerse vigente, la historia de Kenji Matsumoto ofrece una certeza: los grandes autores no pertenecen a un territorio, sino a quienes, en cualquier parte del mundo, se dejan atravesar por sus palabras. Vallejo, una vez más, lo confirma.