
El reto de conseguir el primer empleo profesional en el Perú
Docente de la Escuela de Administración de Empresas
Campus Piura

En las universidades peruanas se invierten años en la formación técnica y teórica de los futuros profesionales; sin embargo, existe una brecha que no siempre se aborda con la profundidad que merece: la transición entre el mundo académico y el mercado laboral. Conseguir el primer empleo formal en el Perú no es solo un trámite administrativo; es, para muchos egresados, el primer gran obstáculo de su vida profesional.
No es raro observar jóvenes con títulos universitarios, buenas calificaciones y hasta posgrados en curso que, al momento de presentarse a una convocatoria laboral, se enfrentan a exigencias que la universidad no los preparó para cumplir: experiencia previa, manejo de herramientas específicas, habilidades blandas desarrolladas o simplemente contactos en el sector. Esta realidad evidencia que el conocimiento académico, por sí solo, no garantiza una inserción laboral exitosa.
Durante mucho tiempo, el mercado laboral peruano ha operado bajo una lógica que perjudica directamente a quienes recién inician su carrera: solicitan experiencia para otorgar el primer empleo, pero no se ofrece empleo para que el profesional pueda adquirir la experiencia. Esta paradoja, conocida en el campo de los recursos humanos como la trampa de la experiencia, afecta con mayor fuerza a los egresados de regiones alejadas de Lima, quienes provienen de familias sin redes de contacto en el sector privado y a quienes estudiaron carreras con menor demanda en el mercado local. Según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática - INEI, la tasa de desempleo entre los jóvenes de 15 a 29 años triplica el promedio nacional, lo que confirma que la juventud profesional es, paradójicamente, el segmento más vulnerable del mercado de trabajo en el país.
Finalmente, es importante reconocer que el primer empleo no es solo un contrato laboral, es la primera prueba real de que los años de formación tuvieron sentido. En consecuencia, un egresado que no encuentra oportunidades no pierde únicamente ingresos, pierde confianza, motivación y, con frecuencia, termina aceptando empleos por debajo de su nivel de preparación o migrando a otras regiones o países en busca de lo que el Perú no supo ofrecerle. La pregunta que queda pendiente es tan urgente como necesaria: ¿seguiremos formando profesionales para un mercado que no está listo para recibirlos, o comenzaremos a construir juntos el puente que los una?