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Influir para vender: el verdadero poder del marketing digital

Por: MBA. Carlos Antonio Angulo Corcuera
Docente de la Escuela de Administración de Empresas
Campus Piura
junio 3, 2026
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Durante décadas, el marketing se definió por su capacidad de llegar a las personas; hoy se define por su capacidad de influir en ellas antes de que siquiera sean conscientes de que están siendo persuadidas. Ese desplazamiento no es menor; marca la diferencia entre una disciplina que informa y una que transforma comportamientos a escala. En un entorno donde el 62 % de los consumidores globales afirma haber comprado un producto después de verlo en redes sociales, según el informe Global Consumer Insights de PwC (2023), el marketing digital ha dejado de ser un canal de comunicación para convertirse en el mecanismo más poderoso de construcción de deseo, urgencia y decisión que haya existido en la historia del comercio. Sin embargo, ese poder no reside en la tecnología en sí misma, sino en la comprensión profunda del ser humano que hay detrás de cada pantalla, sus miedos, sus aspiraciones, su necesidad de pertenencia y su tendencia a confiar en aquello que le resulta familiar, cercano y repetido.

El verdadero poder del marketing digital no está en los algoritmos ni en los presupuestos publicitarios, está en la narrativa. Una marca que sabe contar su historia activa en el consumidor mecanismos emocionales que ningún descuento ni ninguna oferta puede igualar, porque las personas no compran productos, compran significados, identidades y promesas de transformación. Es ahí donde el marketing digital más efectivo opera con una precisión que antes era imposible, combinando datos de comportamiento en tiempo real con mensajes diseñados para resonar en audiencias específicas con una relevancia casi personalizada. Sinek (2022) lo sintetiza con claridad en The Infinite Game al señalar que las marcas que lideran mercados no son las que tienen el mejor producto, sino las que comunican con mayor coherencia el porqué de su existencia, generando una lealtad que trasciende la transacción comercial y se convierte en una relación sostenida en el tiempo. Ello implica que el profesional del marketing digital no puede limitarse a dominar herramientas; debe dominar ante todo la psicología del consumidor, la arquitectura del mensaje y la ética de la influencia, porque influir con responsabilidad es tan importante como influir con efectividad.

Comprender el verdadero poder del marketing digital obliga a los administradores a hacerse una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿estamos usando ese poder para crear valor genuino en la vida de las personas o simplemente para extraer valor de sus billeteras aprovechando sus sesgos cognitivos? La respuesta a esa pregunta define no solo la estrategia de una empresa, sino su lugar en el mercado a largo plazo, pues los consumidores del siglo XXI son cada vez más conscientes, más críticos y menos tolerantes con las marcas que los tratan como objetivos publicitarios en lugar de personas.

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