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Fenomeno-El-Nino-2026-2027

Fenómeno El Niño 2026-2027: prevenir hoy para proteger la vida y el desarrollo del Perú

Por: Dr. Paolo Andre Amaya Alvarado
Docente del Programa SUBE
Campus Trujillo
agosto 5, 2026
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Fenomeno-El-Nino-2026-2027

El Perú se encuentra nuevamente frente a un escenario climático que exige responsabilidad científica, capacidad de gestión y participación ciudadana. El Fenómeno El Niño no debe entenderse únicamente como un periodo de altas temperaturas o lluvias extraordinarias, sino como un proceso complejo capaz de alterar la salud pública, la economía, la agricultura, la pesca, la infraestructura y la continuidad de los servicios básicos.

Al 17 de julio de 2026, la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene el estado de alerta de El Niño Costero. El escenario oficial señala que el calentamiento frente a la costa peruana podría prolongarse hasta abril de 2027, con mayor probabilidad de mantener una magnitud fuerte y sin descartar una condición extraordinaria hacia finales de 2026. Para el verano 2026-2027 se prevé que las lluvias puedan superar sus valores normales, principalmente en la costa norte y central.

La posibilidad de un evento de gran magnitud no significa que todas las regiones sufrirán los mismos efectos ni que los daños ocurrirán exactamente en los meses indicados por una infografía. Los impactos dependerán de la intensidad y distribución de las lluvias, la respuesta de las cuencas, el estado de los drenajes, la ubicación de las viviendas y, especialmente, del nivel de vulnerabilidad de cada población.

El verdadero riesgo no proviene exclusivamente de la naturaleza. Una lluvia intensa se transforma en desastre cuando encuentra quebradas ocupadas, ríos sin protección, viviendas precarias, drenajes obstruidos, centros de salud vulnerables y autoridades que actúan después de la emergencia. Por ello, el Fenómeno El Niño también pone en evidencia problemas acumulados de planificación territorial, saneamiento, mantenimiento de infraestructura y educación preventiva.

El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED) viene actualizando los escenarios de riesgo por inundaciones y movimientos en masa asociados al FEN, con la finalidad de identificar las zonas más propensas y orientar las decisiones de los gobiernos nacional, regional y local. Esta información debe convertirse en obras, mantenimiento, evacuaciones preventivas y protección efectiva de la población, no permanecer únicamente como un documento técnico.

Impactos que debemos anticipar

En el ámbito social, las inundaciones y los huaicos pueden ocasionar pérdida de viviendas, desplazamiento de familias, interrupción de clases y aislamiento de comunidades. En el ámbito económico, pueden afectar carreteras, mercados, actividades agrícolas, cadenas de abastecimiento y pequeños emprendimientos.

El sector pesquero también puede verse alterado por el calentamiento del mar. El ENFEN advierte que las condiciones cálidas pueden modificar la distribución y profundidad de la anchoveta, además de favorecer la presencia de especies asociadas a aguas cálidas.

Desde la perspectiva sanitaria, las lluvias, inundaciones y fallas en los sistemas de agua y alcantarillado incrementan el riesgo de enfermedades diarreicas, leptospirosis y enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue. El almacenamiento inadecuado de agua y la acumulación de recipientes pueden crear condiciones favorables para la reproducción del zancudo transmisor.

Prevenir cuesta menos que reconstruir. Resulta insuficiente declarar emergencias cuando los ríos ya se han desbordado o cuando las familias han perdido sus viviendas. La prevención debe comenzar durante los meses previos mediante decisiones técnicas, presupuestos oportunos y responsabilidades claramente asignadas.

No toda intervención realizada bajo el nombre de "prevención" es necesariamente efectiva. La limpieza de quebradas, la descolmatación de ríos y el mantenimiento de drenajes deben ejecutarse con criterios técnicos, ambientales y de cuenca. Las obras improvisadas, incompletas o realizadas únicamente para mostrar actividad pueden generar una falsa sensación de seguridad.

La preparación también requiere transparencia. La ciudadanía tiene derecho a conocer cuáles son las zonas de mayor peligro, qué obras se ejecutarán, cuánto presupuesto se utilizará, dónde se encuentran los refugios temporales y qué autoridad responderá ante una emergencia. Una población informada puede organizarse; una población desinformada queda expuesta al miedo, los rumores y las decisiones tardías.

Acciones prioritarias de prevención

Responsabilidad de las autoridades: Los gobiernos regionales y municipales deben actualizar sus mapas de riesgo, identificar viviendas situadas en quebradas, riberas y laderas inestables, señalizar rutas de evacuación y habilitar zonas seguras. También deben garantizar el mantenimiento de drenajes, alcantarillas, puentes, establecimientos de salud, colegios y sistemas de agua potable.

Asimismo, corresponde fortalecer los Centros de Operaciones de Emergencia, realizar simulacros, implementar protocolos de actuación, asegurar maquinaria operativa y contar con alimentos, agua, medicamentos y bienes de ayuda humanitaria ubicados estratégicamente. Estas medidas forman parte de las acciones de preparación impulsadas por el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) para fortalecer la respuesta del Estado.

Responsabilidad de las universidades: Las universidades deben participar activamente mediante investigación aplicada, brigadas de responsabilidad social, educación ambiental y asistencia técnica a los gobiernos locales. Estudiantes y docentes pueden contribuir elaborando mapas comunitarios de riesgo, campañas de prevención sanitaria, sistemas de comunicación y propuestas para mejorar la resiliencia de las comunidades.

La universidad no debe observar el desastre desde las aulas. Su conocimiento debe ponerse al servicio de la población, especialmente de los sectores con menos recursos y mayor exposición.

Responsabilidad de las familias y comunidades: Cada familia debe contar con un plan de emergencia, identificar más de una ruta de evacuación y preparar una mochila con agua, alimentos, linterna, radio, documentos, medicamentos y artículos necesarios para niñas, niños, adultos mayores y personas con discapacidad.

También es indispensable reforzar los techos, mantener limpios los drenajes, proteger los documentos importantes, consumir agua segura, tapar los recipientes de almacenamiento y eliminar objetos que acumulen agua. Durante una emergencia, nunca se debe cruzar un río, una quebrada activa o una zona inundada, aunque aparentemente el nivel del agua sea bajo.

El Fenómeno El Niño puede convertirse en un desastre de gran magnitud, pero sus consecuencias no están completamente determinadas. Todavía existe tiempo para disminuir la vulnerabilidad y proteger vidas, siempre que la prevención sea asumida como una obligación permanente y no como una reacción de último momento.

La ciencia puede anticipar escenarios, pero corresponde a las autoridades transformarlos en decisiones; a las universidades, convertir el conocimiento en servicio; y a la ciudadanía, organizarse y actuar responsablemente.

El Niño no debe encontrarnos nuevamente improvisando. La prevención no es un gasto: es una inversión en vida, salud, educación y desarrollo sostenible.

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