
La IA y el marketing: ¿aliados del progreso o sustitutos del talento?
Docente de la Escuela de Administración
Campus Piura

La irrupción de la inteligencia artificial en el marketing ha generado dos reacciones igualmente apasionadas y opuestas: quienes la celebran como la revolución definitiva de la disciplina y quienes la temen como la sentencia de muerte del talento humano en la industria.
Sin embargo, ninguna de las dos posiciones resiste un análisis serio, porque la realidad es más compleja, más exigente y más interesante que cualquiera de esos extremos. En menos de tres años, las herramientas de inteligencia artificial han pasado de ser experimentos de laboratorio a integrarse en los flujos de trabajo cotidianos de las agencias, las marcas y los departamentos de marketing de todo el mundo.
Tanto es así que, según el informe State of Marketing de Salesforce (2024), el 75 % de los profesionales del marketing ya utiliza o planea utilizar inteligencia artificial en sus procesos durante el presente año. Esta adopción masiva obliga a reformular la pregunta correcta: no si la inteligencia artificial reemplazará al marketero, sino qué tipo de marketero quedará en desventaja cuando la inteligencia artificial ya ejecute con eficiencia todo aquello para lo que no se necesita criterio, juicio ni sensibilidad humana.
La inteligencia artificial puede segmentar audiencias con una precisión que ningún analista humano alcanzaría en el mismo tiempo, generar cientos de variaciones de un anuncio, predecir el momento óptimo de publicación y personalizar mensajes a escala masiva, sin fatiga ni error.
Pero no puede sentir la incomodidad cultural de un mensaje mal calibrado, percibir la tensión ética de una campaña que explota un dolor social para vender ni construir la confianza que nace de una conversación genuina entre una marca y su comunidad.
Es ahí, precisamente, donde el talento humano no solo sobrevive, sino que se vuelve insustituible, tal como lo argumentan Agrawal et al. (2022) en Power and Prediction, donde sostienen que la inteligencia artificial reduce el costo de la predicción, pero eleva el valor del juicio.
Es decir, cuanto más eficiente se vuelve la máquina para procesar datos, más valiosa se torna la capacidad humana de interpretar esos datos con contexto, propósito y responsabilidad. En consecuencia, el profesional del marketing que entiende esto no teme a la inteligencia artificial: la incorpora como aliada estratégica y reserva su energía para lo que ningún algoritmo podrá replicar: decidir qué vale la pena comunicar y por qué.
La pregunta que titula este artículo tiene una respuesta que depende enteramente de la actitud con la que cada profesional enfrente esta transformación. La inteligencia artificial será aliada del progreso para quienes la usen como amplificador de su pensamiento estratégico, y será sustituto del talento para quienes reduzcan su rol profesional a tareas que una máquina puede ejecutar mejor y más barato.
Por ello, la formación universitaria en marketing tiene hoy una responsabilidad histórica: no basta con enseñar a usar las herramientas de inteligencia artificial; es urgente formar profesionales que sepan cuándo no usarlas, que comprendan los límites éticos de la automatización, que mantengan al consumidor como persona y no como dato en el centro de cada decisión, y que sean capaces de liderar con criterio en un entorno donde la velocidad tecnológica supera con frecuencia a la madurez de quienes la adoptan.
Porque el futuro del marketing no pertenece a la inteligencia artificial ni al talento humano por separado; pertenece a quienes sepan combinar ambos con inteligencia, ética y propósito.