
Competitividad turística en jaque por obras desarticuladas en Piura
Docente de la Escuela de Administración en Turismo y Hotelería
Campus Piura

La ejecución desarticulada de obras viales expone una gestión urbana sin visión estratégica que compromete el rol de Piura como puerta de entrada al corredor turístico más dinámico del norte peruano. La ciudad enfrenta una paradoja inquietante: las obras de infraestructura que deberían fortalecer su posición como hub turístico regional amenazan con deteriorar la experiencia del viajero y, con ello, su competitividad frente a otros destinos. Piura funciona como eje articulador del circuito norteño, canalizando flujos de visitantes nacionales e internacionales hacia Máncora, Vichayito, Punta Sal, Zorritos, Los Órganos, Colán, Las Huaringas y la frontera con Ecuador. Sin embargo, la forma en que se ejecutan las intervenciones viales evidencia ausencia de planificación turística integrada, convirtiendo al viajero en víctima colateral de una gestión que ignora al sector que más dinamiza la economía regional.
La Ley N.º 31313 de Desarrollo Urbano Sostenible establece que las municipalidades deben articular los planes de acondicionamiento territorial con la gestión de riesgos y la planificación económica. No obstante, en Piura la realidad dista de este mandato. La congestión permanente, los desvíos improvisados y la señalización deficiente afectan la accesibilidad hacia los servicios turísticos, entre ellos el aeropuerto Capitán FAP Guillermo Concha Iberico, principal punto de llegada de turistas que eligen visitar las playas y realizar actividades místicas. Para miles de visitantes, la experiencia urbana en Piura se convierte en una barrera de fricción que erosiona la imagen del destino antes de su llegada, cuando debería constituir el primer contacto positivo de hospitalidad.
El impacto económico sobre el sector turístico no puede minimizarse. La ejecución desarticulada golpea directamente a operadores turísticos, agencias de viajes, hoteles, restaurantes, transportistas y artesanos vinculados a la cadena turística, debilitando un motor que, según el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), genera más de 15 000 empleos directos en la región. El aumento del polvo, el ruido constante y el deterioro del espacio público afectan tanto la calidad de vida de los residentes como la percepción del visitante, elemento decisivo en un mercado turístico cada vez más consciente de la sostenibilidad y la calidad experiencial. Un turista que enfrenta dos horas de caos vehicular para recorrer una ciudad que debería atravesarse en veinte minutos difícilmente recomendará Piura como destino o escala; y en la era de las reseñas digitales, cada experiencia negativa se multiplica exponencialmente. Cuando una ciudad, considerada nodo turístico, pierde eficiencia en movilidad y habitabilidad, no solo se afecta su economía inmediata, sino que se debilita todo el sistema territorial turístico del norte.
El problema no radica en la inversión en infraestructura, sino en una gobernanza urbana que la ejecuta de espaldas al turismo. Las obras se desarrollan sin planes de mitigación del impacto turístico, sin señalización alternativa para el visitante, sin campañas de comunicación durante las intervenciones y sin estrategia que preserve la accesibilidad a los servicios turísticos. La gobernanza urbana colaborativa exige articular a gremios turísticos, cámaras de comercio, operadores y comunidades anfitrionas en acciones conjuntas que fortalezcan la competitividad de todo el circuito. En ciudades intermedias como Piura, esta articulación resulta viable por su escala humana, su capacidad de vincular sistemas urbano-rurales y su condición de nodo puente entre el turismo de naturaleza, gastronómico y cultural del norte peruano.
Piura necesita obras de infraestructura, pero junto a ello hace falta liderazgo estratégico con visión turística. Integrar el turismo en las decisiones de infraestructura no es un gesto simbólico: es una condición indispensable para proteger el posicionamiento de la región y que esta cumpla su función como puerta de entrada y eje articulador del norte peruano. De lo contrario, el riesgo es claro: edificar ciudad a expensas de deteriorar la experiencia del visitante y debilitar su rol estratégico. La pregunta sigue vigente: ¿seguiremos anteponiendo la ejecución de obras al ejercicio de una visión estratégica del desarrollo turístico territorial?