
La herida silenciosa: cuando el trauma infantil dificulta comprender las emociones
Estudiante de la Escuela de Psicología
Campus Piura

Durante años, el debate sobre la salud mental ha centrado su atención en las secuelas más visibles derivadas de las experiencias traumáticas durante la infancia. La ansiedad, la depresión, la violencia o las alteraciones conductuales suelen ocupar un lugar predominante en la discusión. Sin embargo, existe una consecuencia menos evidente, pero igualmente relevante: las dificultades para identificar y comprender las propias emociones.
En una sociedad que exige fortaleza emocional y capacidad de adaptación, pocas veces se reflexiona sobre una realidad fundamental: resulta difícil regular aquello que no se logra reconocer. En este contexto, la alexitimia, caracterizada por las dificultades para identificar, describir y expresar los sentimientos, adquiere especial importancia para comprender el impacto que las experiencias adversas tempranas pueden tener en la vida adulta.
Existe la creencia de que las consecuencias del trauma infantil son evidentes y fáciles de identificar. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que sus efectos suelen ser más profundos y complejos. La negligencia, la violencia familiar, el abuso o los entornos disfuncionales pueden afectar progresivamente la manera en que una persona comprende su mundo emocional, dificultando el reconocimiento de aquello que siente.
La investigación realizada con jóvenes adultos de la ciudad de Trujillo aporta una perspectiva relevante sobre este fenómeno. Los resultados sugieren que la influencia de las experiencias traumáticas tempranas sobre las dificultades en la regulación emocional ocurre principalmente a través de la alexitimia. En este sentido, las experiencias adversas durante la infancia se asocian con mayores dificultades para reconocer y comprender las emociones, lo que podría limitar la capacidad para regularlas de manera adaptativa.
Este hallazgo invita a reflexionar sobre las múltiples exigencias que la sociedad impone a los jóvenes. Se espera que controlen sus impulsos, manejen el estrés y afronten las dificultades con madurez emocional; sin embargo, pocas veces se considera si cuentan con las herramientas necesarias para identificar aquello que experimentan internamente.
¿Cómo aprender a gestionar la tristeza cuando resulta difícil reconocerla como tal? ¿Cómo afrontar la ansiedad cuando esta se manifiesta únicamente como una sensación inespecífica de malestar? Pretender una adecuada regulación emocional sin una comprensión previa de las propias emociones equivale a construir sobre bases insuficientes.
Más preocupante resulta observar que una proporción considerable de los participantes presentó niveles moderados de experiencias traumáticas, alexitimia y dificultades en la regulación emocional. Esto permite reconocer que no se trata de una problemática exclusiva de poblaciones clínicas, sino de una realidad presente en muchos jóvenes y con posibles repercusiones en diversos ámbitos de su vida.
En este contexto, resulta necesario fortalecer la detección temprana de experiencias adversas y promover el desarrollo de competencias relacionadas con la conciencia emocional. Comprender el papel de la alexitimia permite abordar el trauma infantil desde una perspectiva más integral y desarrollar estrategias preventivas centradas en los síntomas y en los procesos psicológicos subyacentes.
En una época en la que la salud mental ocupa cada vez más espacio en la agenda pública, quizá sea oportuno reconocer una realidad fundamental: difícilmente se puede regular aquello que previamente no se ha aprendido a identificar. Y, en muchos casos, ese aprendizaje comienza en la infancia.