el-uso-de-ia-en-la-elaboracion-de-trabajos

El uso de IA en la elaboración de trabajos académicos: ¿fraude o evolución?

Por: Dra. Ericka Julissa Suysuy Chambergo
Docente de la Escuela de Administración de Empresas
Campus Piura
abril 29, 2026
Compartir
el-uso-de-ia-en-la-elaboracion-de-trabajos

La inteligencia artificial llegó a la universidad sin pedir permiso. En apenas un par de años, ha pasado de ser una curiosidad tecnológica a convertirse en una presencia cotidiana en las aulas, en las bibliotecas virtuales y en los escritorios donde los estudiantes redactan sus tareas, ensayos y tesis. Sin embargo, este desembarco silencioso ha abierto una de las discusiones más intensas de la educación superior reciente, porque mientras algunos docentes sostienen que su uso constituye una forma sofisticada de fraude académico, otros defienden que se trata de una evolución inevitable del modo en que producimos conocimiento. 

En medio de ambas posturas se encuentran estudiantes que ya la utilizan con o sin permiso, jurados que sospechan de trabajos demasiado pulidos y autoridades universitarias que todavía no logran articular una política institucional coherente. Por lo tanto, la pregunta por el lugar de la inteligencia artificial en la vida académica no admite respuestas simplistas, porque lo que está en juego no es solo la integridad de una tarea, sino el sentido mismo del aprendizaje en tiempos en que la máquina parece capaz de escribir mejor y más rápido que el estudiante que debería estar desarrollando su pensamiento crítico.

El compromiso que la universidad debe asumir frente a esta realidad no consiste en prohibir todo uso de la inteligencia artificial, como pretenden quienes ven en ella una amenaza existencial; ni en permitirlo sin restricciones, como insinúan quienes la presentan como solución definitiva al aprendizaje, sino en formar usuarios críticos capaces de admitir cuándo y cómo la utilizaron, de verificar cada dato y cada referencia que la máquina les entregue, de usarla para pensar mejor y no para pensar menos, y de recordar que la firma del trabajo académico sigue perteneciendo al estudiante y no al modelo que lo asistió.

En última instancia, la inteligencia artificial no vino a reemplazar al estudiante, sino a exponerlo, porque a quien sabe pensar lo potencia y a quien no ha desarrollado esa capacidad simplemente lo deja en evidencia. El reto que enfrenta la educación superior peruana es tanto tecnológico como ético y pedagógico, y la respuesta no vendrá de un software más sofisticado ni de un detector más preciso, sino del aula misma, del diálogo franco entre docentes y estudiantes sobre lo que significa aprender, investigar y escribir en una realidad donde las fronteras entre la autoría humana y la asistencia algorítmica se vuelven cada día más difusas.

Compartir

Noticias relacionadas