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La huella de la maestra

Por: Carmen Plaza Abanto
Directora artística de la colección “Historias para Todos”
Centro de Difusión Científica y Cultural UCV
mayo 25, 2026
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Es inevitable pensar en Gianni Rodari cuando se habla de la figura de una maestra o un maestro, ese ser que, desde los primeros años de vida de un niño, puede marcar la diferencia. En uno de los párrafos de “La piedra en el estanque”, que se encuentra dentro de Gramática de la fantasía, Rodari nos dice:

Una piedra arrojada en un estanque suscita ondas que se concentran y se alargan sobre la superficie, involucrando con su movimiento, a distintas distancias y con diferentes efectos, al nenúfar y al junco,

al barquito de papel y al bote del pescador.

Objetos que estaban allí, cada uno por su cuenta, en paz, sin hacer nada, con este gesto son llamados a la vida, obligados a reaccionar,

a entrar en relación entre ellos (…).

No es distinto de lo que sucede con una palabra, que, arrojada por azar en la mente, produce igualmente ondas, en la superficie o en la profundidad…

Con esta reflexión hablamos del Día de la Educación Inicial. Quizás muchos de nosotros, si cerramos por unos instantes los ojos, volvemos a nuestras mesitas y banquitos del jardín.

Muchos recordaremos el nombre de nuestra maestra, esa que, en la mayoría de los casos, con infinita ternura y paciencia, nos enseñó a hacer bolitas de papel, a jugar con la plastilina, a recortar, a coger el lápiz, y nos impulsó a seguir esas trayectorias de las formas, enseñándonos poquito a poquito a descubrir la belleza de lo que significa aprender, cantar, leer y también estar en silencio.

Sin embargo, estoy convencida de que, mucho más allá de sus capacidades académicas, la diferencia que nos hace recordarlas siempre está en sus gestos; aquello que las hace únicas y que, a nuestros ojos de niños, nos dejó una huella.

En mis tiempos, a la maestra de jardín se le llamaba “Señorita”, y así recuerdo hasta ahora a mi Srta. Adela: siempre perfecta, bien arreglada, siempre con sus zapatitos de tacón. La Señorita Adela tenía sus años; hasta ahora recuerdo su tono de voz cálido, lleno de palabras gentiles, pero sin caer en una voz infantil.

La recuerdo porque hacía flores de seda y gasa de todo tipo. Tenía una vitrina donde guardaba esos tesoros. Esas flores eran también, a veces, prendedores, aquellos broches que llevamos en las solapas o en los abrigos.

Muchos recordarán que, cuando era el Día de la Madre, nos ponían una flor roja; era el modo de homenajear a mamá. En el caso de mi clase, ella se ocupó de realizar las flores para todos. Y también había un niño con una flor blanca. Así descubrí que muchos niños no tienen una mamá. La Srta. Adela lo contó de una manera tan bonita, y toda la clase celebró la flor más grande y hermosa que ella preparó. En realidad, preparó dos flores: una para el pequeño y otra para ella, y así en clase teníamos dos flores blancas maravillosas.

En esos tiempos, las aulas no tenían tecnología, pero existían las radios. Entonces ella también llevaba sus casetes; en ellos nos hacía escuchar siempre fábulas. En mi casa yo tenía muchos libros, pero escuchar la voz salir de la radio me gustaba: así imaginaba la historia y la creaba en mi mente. Esas son las cosas que recuerdo de ella.

Quizás la Srta. Teresa, de nuestro libro Mujeres que leen de Cinzia Ghigliano, tenga muchas cosas en común con la Srta. Adela.

Ser la voz que cuenta ha sido su sueño desde pequeña y jugaba a ser maestra. Hojear, leer, mirar, descubrir e inventar

historias se han convertido en su trabajo.

Los libros ilustrados, su pan cotidiano para compartir.

Los pequeños no ven la hora de estar con la maestra Teresa.

El Día de la Educación Inicial es una oportunidad siempre para recordar este importante rol, esta pasión y amor por la infancia. Desde el Centro de Difusión Científica y Cultural UCV (CEDICC), a través de nuestra colección de álbumes ilustrados Historias para Todos, es un valor que tenemos presente cada día.

No es casualidad que, hace más de cuatro años, el CEDICC, junto a las escuelas de Educación Inicial y Primaria, trabaje en dos proyectos para que nuestras futuras maestras, desde las aulas, descubran la belleza de la lectura y la ilustración.

Con las futuras maestras de inicial se desarrolla el proyecto “Narrativas que inspiran: formando educadores para el futuro”, y con las estudiantes de primaria el proyecto “Historias para todos: construyendo caminos de lectura y reflexión”.

Trabajamos estos proyectos con la esperanza de incentivar la lectura por placer, de emplear nuestras producciones como ventanas para descubrir el mundo y formar un gusto por la belleza a través de las historias y la ilustración. Leer imágenes es también otra forma de lectura. Leer palabras es interpretar. Leemos para sentir, para descubrir, para soñar.

Un niño que recibe lecturas cotidianas adquiere un vocabulario más rico, tiene más imaginación, se expresa mejor y es más curioso por descubrir el mundo. Leer en voz alta es agradable: crea el hábito de la escucha, aumenta la capacidad de atención y fortalece el deseo de leer cuando el niño sea mayor.

En nuestro libro ¿Qué cosa es la escuela?, con texto de Luca Tortolini e ilustraciones de Marco Somà, se nos dice:

En la escuela están las maestras y los maestros.

Son de todos los tipos y calidades: están los que gritan y los que tienen una paciencia infinita, los que sonríen siempre y los que son más o menos.

Las maestras y los maestros nos ayudan a aprender.

Enseñan qué cosa es la belleza y aquella maravilla que se llama imaginación. Enseñan también a equivocarse: porque mientras más nos equivocamos, más aprendemos.

Celebremos a nuestros maestros y esas huellas que dejan. Trabajemos también desde nuestras casas formando a nuestros niños para la vida.

Celebremos a quienes se detienen a observar: ¿Qué cosa es un niño?, como lo dice Beatrice Alemagna:

Un niño tiene manos pequeñas, pies pequeños y orejas pequeñas, pero no por eso tiene ideas pequeñas.

Las ideas de los niños a veces son grandísimas, divierten a los grandes, hacen que ellos se queden con la boca abierta y digan: “¡Oh!”.

Desde el CEDICC UCV, nuestro agradecimiento a la Facultad de Humanidades, a su decana, a sus directoras y a todas las docentes que nos acompañan en los proyectos de lectura.

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