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Los siete errores de gestión turística que el mundo ya cometió y que el Perú repite en silencio

Por: Dra. Shirley Rodríguez Chamorro
Docente de la Escuela de Administración en Turismo y Hotelería
Campus Piura
abril 14, 2026
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En julio de 2024, vecinos de Barcelona salieron a las calles con pistolas de agua para mojar turistas en las terrazas de sus restaurantes. No era una broma: cincuenta y cinco millones de visitantes al año en una ciudad de un millón seiscientos mil habitantes habían convertido sus barrios en parques temáticos y sus alquileres en bienes inaccesibles. El ayuntamiento anunció que eliminará todos los alquileres turísticos para 2028. En Mallorca, veinte mil personas marcharon con el mismo mensaje. En Bali, el Gobierno cerró veintidós montañas sagradas ante el turismo descontrolado. En Tailandia, Maya Bay estuvo clausurada cuatro años para recuperarse ecológicamente.

 

No son casos aislados, son síntomas de una enfermedad global llamada sobreturismo. Y Perú, con Machu Picchu como epítome de la concentración turística sin gobernanza, está repitiendo cada uno de esos errores.

 

Tras revisar evidencia internacional con fuentes oficiales y académicas, se identificaron siete errores críticos que destinos icónicos cometieron antes de entrar en crisis. Perú exhibe señales de todos ellos.

 

  1. Sobreturismo sin control de aforo: Machu Picchu ya debate un límite de cinco mil seiscientos visitantes diarios, pero sin una autoridad autónoma que unifique criterios entre cuatro ministerios que se pisan, el riesgo crece con la recuperación pospandemia.
  2. Concentración extrema: ocho de diez destinos más visitados están en Cusco y quince departamentos no recuperan niveles de 2019. Venecia perdió dos tercios de sus habitantes por el mismo patrón.
  3. Gestionar sin datos: España invirtió ciento treinta millones de euros en turismo inteligente. Nuestra Cuenta Satélite de Turismo sigue operando con año base 2007.
  4. Informalidad sin certificación: la informalidad laboral en el Perú alcanza el 79 %, según el INEI, y no existe un sello nacional de calidad turística. Mientras Costa Rica y Finlandia certifican a cada operador.
  5. Gobernanza fragmentada: Camboya creó APSARA, una autoridad autónoma para Angkor Wat, reconocida por la UNESCO. El Perú opera en 2026 con un PENTUR elaborado en 2016, prorrogado por la RM 386-2025-MINCETUR, con metas incumplidas, sin Política Nacional de Turismo aprobada y con cuatro ministerios gestionando Machu Picchu sin coordinación.
  6. Promesas sin financiamiento: cultura y turismo ocupan apenas el 1.4 % de los planes de gobierno presentados ante el JNE, según El Comercio. Un candidato promete diez millones de turistas sin cronograma ni presupuesto. Eso no es plan: es propaganda.
  7. Ignorar a la comunidad: Ruanda destina el 10 % de los ingresos de cada parque nacional a las comunidades locales: dos millones de dólares solo en 2024. Las comunidades protegen el patrimonio porque les conviene.

 

En el Perú, los conflictos sociales de 2023 que paralizaron el sur son evidencia de que quienes viven junto a los destinos turísticos no reciben beneficio directo. No existe mecanismo de revenue sharing. Y cuando la comunidad no participa de los beneficios, termina participando del conflicto.

 

Perú tiene trece sitios Patrimonio de la Humanidad, cuarenta y ocho lenguas originarias, premiada trece veces como mejor destino culinario del mundo y un turismo que genera un millón trescientos mil empleos. Tiene más materia prima que Barcelona, Venecia y Bali juntos. Lo que no tiene es gestión.

 

Los modelos para corregir cada uno de estos errores ya existen. Solo falta la voluntad política de aplicarlos. A unos meses de la segunda vuelta, pregúntele a su candidato: ¿cuál de estos siete errores está dispuesto a corregir? Si la respuesta es un eslogan, ya sabe lo que le espera a Machu Picchu.

 

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