
Violencia sexual en adolescentes: ¿qué señales deben identificar los padres y docentes?

- Especialista en psicología explica cómo identificar señales de alerta, hablar de consentimiento y actuar ante una posible situación de abuso.
La violencia sexual en adolescentes puede presentarse en distintos entornos y no siempre es evidente para quienes los rodean. Cambios repentinos en el comportamiento o determinadas conductas pueden ser señales de que un adolescente está atravesando una situación que requiere atención. Por ello, reconocer estos indicios y generar espacios de confianza entre padres, docentes y estudiantes resulta clave para prevenir riesgos y brindar ayuda de manera oportuna.
Más allá de un caso puntual, la situación abre una pregunta para padres y docentes: ¿cómo identificar a tiempo que un adolescente podría estar atravesando una situación que requiere ayuda?
Para la Mgtr. Marbell Medina, coordinadora de los Servicios de Salud de la Universidad César Vallejo (UCV) – campus San Juan de Lurigancho, “una señal aislada no confirma que haya ocurrido violencia sexual, pero sí puede indicar que el adolescente está atravesando una situación que requiere atención”.
La especialista alertó que entre las señales que pueden generar preocupación se encuentran:
- Los cambios repentinos de comportamiento o estado de ánimo.
- Aislamiento, tristeza, irritabilidad, miedo, ansiedad, alteraciones del sueño o pesadillas.
- Modificaciones importantes en el rendimiento o asistencia escolar.
- Rechazo hacia determinadas personas o lugares.
- Conductas sexualizadas que no corresponden a su etapa de desarrollo.
- Cambios en el uso de redes sociales o manifestaciones de culpa y temor.
Hablar de consentimiento también es prevenir
La prevención, señala Medina, no debería comenzar después de que ocurre una situación de riesgo. En la adolescencia, padres y cuidadores pueden conversar de manera directa sobre consentimiento, límites y respeto, explicando que nadie está obligado a realizar una conducta sexual para demostrar afecto o aceptación y que un “no” debe ser respetado incluso dentro de una relación de pareja.
Además, la psicóloga también consideró necesario abordar los riesgos en entornos digitales, como la presión para enviar imágenes íntimas, las amenazas o la manipulación a través de redes sociales. Para que estas conversaciones sean efectivas, la especialista recomienda que no se conviertan en interrogatorios, sino en preguntas sencillas como “¿qué piensas sobre esto?” o “¿alguna vez alguien te hizo sentir incómodo?” pueden abrir espacios de confianza. “El objetivo es que el adolescente sepa que puede acudir a sus padres sin temor a ser culpabilizado o castigado”, sostiene Medina.
¿Qué hacer ante una revelación?
Si un adolescente cuenta que ha vivido una situación de violencia sexual, la primera respuesta de los adultos puede marcar la diferencia. “Lo primero es creerle, escucharlo y transmitirle seguridad”, señala la psicóloga, quien propone expresiones como: “Te creo, gracias por contármelo, no es tu culpa y vamos a buscar ayuda”.
Para la coordinadora de los Servicios de Salud de la UCV, “la recomendación es evitar que familiares o docentes intenten investigar por cuenta propia o que obliguen al adolescente a repetir reiteradamente lo sucedido. La prioridad debe ser protegerlo, evitar la revictimización y facilitar el acceso a atención especializada”.
En ese sentido, el Ministerio de Salud (Minsa) cuenta con una norma técnica para el cuidado integral de personas afectadas por violencia sexual, que contempla la atención de la salud física y mental y la articulación necesaria para el acceso a la justicia.
“No tenemos que esperar a que el adolescente pueda explicar perfectamente lo ocurrido para tomar medidas de protección”, concluyó Medina. En la prevención de la violencia sexual, enseñar a reconocer los límites, construir confianza y saber pedir ayuda son aprendizajes que empiezan mucho antes de que aparezca una situación de riesgo.