
De una segunda oportunidad de vida a una misión que transforma vidas
Docente de la Escuela de Administración de Empresas
Campus Ate

- Docente de la UCV convirtió su experiencia de recibir un trasplante de hígado en un legado de esperanza, formación profesional y promoción de la donación de órganos.
Hay historias que demuestran que una segunda oportunidad puede cambiar no solo una vida, sino también el destino de muchas personas. Ese es el caso de la Dra. Lizet Malena Farro Ruiz, docente de la Universidad César Vallejo (UCV), quien, tras superar una grave enfermedad y recibir un trasplante de hígado durante su adolescencia, ha dedicado su vida a formar profesionales con sentido humano y a promover la donación de órganos como un acto de amor y solidaridad.
Su historia comenzó cuando tenía apenas 10 años, edad en la que fue diagnosticada con cirrosis hepática autoinmune. Desde entonces inició una larga lucha marcada por hospitalizaciones, tratamientos médicos y la incertidumbre de esperar un órgano compatible que pudiera salvarle la vida.
Durante varios años fue convocada en distintas ocasiones para un trasplante; sin embargo, por diversas circunstancias, ninguno pudo concretarse. A pesar de ello, nunca dejó de creer. "Hubo momentos en que sentí que la esperanza se agotaba. Sin embargo, mi fe siempre me recordaba que debía seguir luchando", recuerda.
El milagro que cambió su destino
A los 17 años recibió la llamada que transformó su vida para siempre. Era la cuarta vez que era convocada para un trasplante, pero esta vez el procedimiento sí pudo realizarse.
Ingresó al hospital con pocas expectativas. La intervención quirúrgica se prolongó por más de doce horas y, al despertar, comprendió que había recibido el regalo más valioso: una nueva oportunidad de vivir gracias al acto altruista de un donante y su familia. "Cuando desperté, entendí que había recibido una segunda oportunidad de vida. Un ángel donante había hecho posible que yo siguiera aquí", afirma.
Aquella experiencia marcó profundamente su propósito de vida y fortaleció su compromiso con el servicio a los demás.
Una vida dedicada a servir
Con disciplina, perseverancia y esfuerzo culminó sus estudios superiores, se convirtió en administradora de empresas y obtuvo el grado de doctora en Administración. Actualmente se desempeña como docente universitaria e investigadora, formando profesionales con una visión estratégica, ética y profundamente humana de la gestión organizacional.
Para la docente vallejiana, administrar no significa únicamente dirigir organizaciones, sino también gestionar la esperanza, la resiliencia y la capacidad de reinventarse frente a la adversidad.
"Mi propia historia me enseñó que administrar no es solo gestionar organizaciones. También significa gestionar la esperanza, la resiliencia y la capacidad de reinventarse cuando todo parece perdido. La administración cobra verdadero sentido en los momentos de adversidad, porque permite transformar las crisis en oportunidades", destaca.
A lo largo de su trayectoria ha liderado proyectos de investigación, conferencias e iniciativas de responsabilidad social, promoviendo el liderazgo, la innovación y el compromiso con la sociedad.
Una embajadora de la donación de órganos
Además de su labor académica, dedica parte importante de su tiempo a sensibilizar sobre la importancia de la donación de órganos y tejidos, convencida de que detrás de cada trasplante existe la posibilidad de cambiar una vida.
Hoy, como esposa, madre y docente universitaria, considera que la mejor manera de honrar la oportunidad que recibió es a través del servicio, la educación y el ejemplo. "Yo vivo gracias a un ángel donante. Gracias a una familia que, en medio del dolor, tomó la decisión más noble que existe: dar vida a otros", expresa.
Su mayor anhelo es que más personas comprendan que donar órganos no representa el final de una historia, sino el comienzo de muchas más.
Con su testimonio, la Dra. Lizet Malena Farro Ruiz demuestra que la ciencia, la solidaridad y el amor al prójimo pueden transformar vidas. Lo que comenzó como una lucha por sobrevivir se convirtió en un propósito de vida que hoy inspira a nuevas generaciones de profesionales y promueve una cultura de donación de órganos basada en la esperanza, la empatía y el compromiso con los demás.