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El-papel-de-las-universidades-en-el-desarrollo-regional

El papel de las universidades en el desarrollo regional

Por: Dra. Suysuy Chambergo Ericka Julissa
Docente de la Escuela de Administración
Campus Piura
agosto 26, 2026
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En las regiones del Perú, la universidad suele ser percibida como el camino más seguro hacia la movilidad social, sin embargo, existe una dimensión de su función que pocas veces se discute con la profundidad que merece: su capacidad real de transformar el entorno donde opera. 

Más allá de formar profesionales, una universidad tiene el potencial de convertirse en el motor intelectual, económico y cultural de su región. No es raro observar, no obstante, instituciones de educación superior que funcionan como islas dentro de sus propias comunidades, desconectadas de los problemas locales, ajenas a las necesidades productivas del territorio y con escasa vinculación con los gobiernos regionales, las empresas o la sociedad civil.

Esta realidad evidencia que tener una universidad en una región no garantiza, por sí solo, que esa región se desarrolle, y que la diferencia entre una institución que forma y una que transforma depende, en gran medida, de las decisiones que toma hacia adentro y hacia afuera.

No obstante, las experiencias más exitosas de desarrollo regional en América Latina muestran que las universidades que han contribuido de manera efectiva al progreso de sus comunidades son aquellas que han asumido un rol activo en la investigación aplicada a los problemas locales, en la transferencia de conocimiento hacia los sectores productivos y en la formación de líderes comprometidos con su región.

Por ejemplo, en Piura una región con un enorme potencial en agroindustria, pesca, turismo y energía la contribución de la universidad podría ser vital si se enfoca en la innovación en esas cadenas productivas, fortaleciendo las capacidades de los empresarios regionales y generando evidencia técnica para orientar las políticas públicas regionales.

Es por eso que la relación entre la universidad y su entorno regional debe replantearse, ya no como una responsabilidad social opcional, sino como algo que debe comenzar a asumirse como un elemento estructural en la misión institucional.

En efecto, hay algunas cosas con las que cualquier universidad, a nivel regional, probablemente debería empezar a ayudar en su realización: enfilar sus líneas de investigación con las prioridades de desarrollo locales; crear un nodo de asociación estratégica con gobiernos regionales o locales, que le permita ofrecer soluciones para problemas específicos; fomentar el emprendimiento desde el aula, uniendo el enfoque territorial del área de modalidades de creación de empresas y los espacios para un diálogo continuo entre académicos, emprendedores, autoridades públicas y comunidades.

Ninguno de estos pasos, por sí solo, implica recursos significativos; todos requieren algo mucho más escaso: la voluntad institucional y el reconocimiento de que la trayectoria de desarrollo de la región y la reputación de la universidad son objetivos fundamentales.

Finalmente, es necesario tener en cuenta que el desarrollo regional no es tarea del Estado por sí solo ni tampoco del sector privado por sí solo. El proceso tiene un lugar para la universidad en ello: un papel que ninguna alternativa externa del tercer sector puede cumplir, es decir, el conocimiento situado, la ciudadanía educada y el puente entre el conocimiento académico y la necesidad.

Una institución universitaria de estas características, responsable ante el nivel local, mejora los niveles educativos de la región, trabaja para cerrar las brechas de desigualdad y fortalece las identidades locales en el camino hacia un tipo de desarrollo más equitativo y sostenible. Así que no hay confusión sobre lo que necesitamos hacer. La misma pregunta es determinante: ¿las universidades del país mantendrán sus aulas abiertas para dedicarse por completo a transformar el territorio que las sustenta?

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