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Guerra, crisis del gas y dólar al alza: seis decisiones para proteger tu economía en tiempos de incertidumbre

Por: Mgtr. CPC. Segundo Jhonatan Pusma Velásquez
Coordinador de la Escuela de Contabilidad
Campus Moyobamba
marzo 13, 2026
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A inicios de marzo de 2026, la economía mundial y nacional atraviesa un escenario de incertidumbre marcado por tres factores que terminan impactando en el bolsillo de las familias. En primer lugar, el conflicto en Medio Oriente, iniciado el 28 de febrero del 2026, cuando Estados Unidos e Israel atacaron objetivos estratégicos en Irán, generando tensión en los mercados energéticos, especialmente en la franja de Ormuz, por donde se traslada el 20 % del petróleo comercializado en el mundo.

 

Como consecuencia, el precio internacional del petróleo pasó de alrededor de 80 dólares a superar los 100 dólares por barril al 8 de marzo de 2026, según reportes de Reuters. A ello se suma un problema interno, pues el 1 de marzo se registró una fuga y posterior deflagración en el sistema de traslado de gas natural de Camisea, lo que obligó al Ministerio de Energía y Minas a restringir temporalmente el suministro y declarar en emergencia el sistema por 14 días. Finalmente, la incertidumbre internacional también se refleja en el fortalecimiento del dólar, cuyo tipo de cambio pasó de alrededor de S/3,36 soles en febrero del 2026 a aproximadamente S/3,48 soles a inicios de marzo, de acuerdo con reportes del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Especialistas señalan que este escenario de volatilidad energética y financiera podría prolongarse entre tres y cinco meses, dependiendo de la evolución del conflicto internacional y de la regulación del sistema energético en el país.

 

Aunque los conflictos internacionales puedan parecer lejanos, el Perú es una economía especialmente sensible a los cambios en el mercado energético global. Esto se debe a que una parte importante de los combustibles que se consumen en el país depende del mercado internacional; es decir, cuando el precio del petróleo y sus derivados como el GLP, gasolina, diésel, sube en el mundo, el impacto se traslada rápidamente al Perú a través del precio del combustible que utilizan los vehículos, el transporte de mercancías y diversas actividades productivas.

 

Como resultado, aumentan el costo del transporte público, el precio de los alimentos y otros bienes de consumo. Este escenario se torna más complicado cuando se presenta una crisis energética interna, ya que el gas natural de Camisea es fundamental para el país: aproximadamente el 40 % del fluido eléctrico que se produce en el Perú se genera con este recurso. Por ello, cualquier interrupción en su sistema de transporte afecta al sector eléctrico, a la industria y al transporte que utiliza gas natural vehicular (GNV). De hecho, se estima que más de 350 000 vehículos en Perú funcionan con gas natural, principalmente taxis y transporte público, por lo que una restricción en el suministro obliga temporalmente a migrar hacia combustibles más caros, como la gasolina o el GLP, elevando el costo del transporte y de diversos servicios.

 

A ello se suma el comportamiento del dólar, que en contextos de crisis internacional suele fortalecerse frente a monedas emergentes. Cuando el dólar sube, muchos productos importados e insumos utilizados por las empresas también aumentan de precio. Todos estos factores, en conjunto, generan un efecto que las familias perciben rápidamente: una mayor presión sobre el costo de vida. Frente a esta coyuntura, se presentan seis decisiones que estoy seguro ayudarán a enfrentar de manera adecuada esta crisis.

 

  1. Blindar la fuente de ingreso: en momentos de incertidumbre económica, el ingreso se convierte en la principal defensa de la familia. Cuando el costo de vida aumenta, cualquier reducción en los ingresos puede alterar la estabilidad financiera del hogar. Por ello, es fundamental cuidar nuestro empleo y fortalecer nuestras habilidades. En el caso de quienes trabajan de manera independiente, esto implica conservar a sus clientes y priorizar las actividades que generan ingresos.
  2. Elaborar un presupuesto de crisis: cuando los precios suben, muchas familias sienten que el dinero ya no alcanza. Elaborar un presupuesto permite ordenar las finanzas del hogar y tener claridad sobre cuánto dinero ingresa y en qué se gasta cada mes. Para ello, basta con registrar los ingresos y revisar los principales gastos como vivienda, transporte, alimentación y servicios, lo que permite identificar dónde se puede ajustar el presupuesto.
  3. Revisar el estilo de consumo: en contextos económicos más exigentes, muchas familias mantienen gastos que se han vuelto costumbre, pero que no son indispensables. Por lo tanto, resulta importante revisar los hábitos de consumo del hogar, como suscripciones digitales poco utilizadas o gastos frecuentes en comidas fuera de casa. Ajustar estos hábitos permite liberar parte del presupuesto para cubrir necesidades realmente importantes.
  4. Tomar decisiones financieras con prudencia: cuando el entorno económico es incierto, asumir nuevas obligaciones financieras puede poner en riesgo la estabilidad del hogar. Por ello, es recomendable actuar con prudencia antes de solicitar créditos o realizar compras importantes. En estos casos, puede ser conveniente postergar adquisiciones, como la compra de un automóvil, evaluar con cuidado el costo y las condiciones de los créditos.
  5. Construir un fondo de seguridad: las familias más vulnerables frente a las crisis económicas son aquellas que no cuentan con ahorros para enfrentar imprevistos. Resulta importante destinar progresivamente una parte del ingreso al ahorro y reservar ese dinero exclusivamente para emergencias. Incluso pequeñas cantidades, guardadas con disciplina, pueden convertirse en un fondo que permita afrontar gastos inesperados.
  6. Diversificar las fuentes de ingreso: depender de una sola fuente de ingreso puede aumentar la vulnerabilidad económica de una familia frente a cambios en la economía. En consecuencia, es transcendental buscar opciones que permitan complementar los ingresos del hogar, ya sea mediante trabajos independientes, según la experiencia o las habilidades de cada persona, o a través de un pequeño negocio familiar.

 

En conclusión, aunque los ciudadanos no pueden controlar estos acontecimientos, sí pueden tomar decisiones más inteligentes para proteger su economía.

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