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Turismofilia-vs-turismofobia

Turismofilia vs. turismofobia: el desafío de equilibrar turismo y bienestar local

Por: MBA. Juana Graciela Palma Vallejo
Docente de la Escuela de Administración en Turismo y Hotelería
Campus Piura
julio 3, 2026
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Turismofilia-vs-turismofobia

La actividad turística actualmente atraviesa una dualidad compleja que redefine de manera constante la relación entre los viajeros y las comunidades receptoras. Por un lado, la turismofilia se consolida como una actitud de aceptación y promoción del turismo, impulsada por gobiernos y empresas que reconocen en esta actividad un motor para la generación de empleo, la captación de divisas y la dinamización de la economía. Por otro lado, la turismofobia emerge como una respuesta al crecimiento desordenado del turismo y a sus efectos sobre la población local, manifestándose a través del rechazo a la saturación de los espacios públicos, la gentrificación, el incremento del costo de la vivienda y el deterioro del patrimonio cultural y ambiental. Esta realidad demuestra que el éxito de un destino turístico no puede medirse únicamente por el número de visitantes, sino también por su capacidad para preservar el bienestar de las comunidades que lo habitan.

El Perú y sus desafíos del turismo sostenible

En el Perú, esta tensión no se manifiesta mediante las protestas urbanas observadas en algunas ciudades europeas, sino a través de desafíos vinculados con la gobernanza y la sostenibilidad de sus principales destinos turísticos. Un caso emblemático es el Santuario Histórico de Machu Picchu y el Valle Sagrado de los Incas en Cusco, donde el Estado ha impulsado históricamente políticas orientadas a incrementar la llegada de visitantes debido a la importancia económica del turismo. Sin embargo, cuando el crecimiento de la demanda no va acompañado de una adecuada planificación, se incrementa la presión sobre la conservación del patrimonio, así como sobre la infraestructura y los servicios públicos de localidades como Aguas Calientes. Esta situación evidencia la necesidad de fortalecer un modelo de gestión turística que distribuya de manera más equitativa los beneficios de la actividad y reduzca los impactos que asumen las comunidades locales.

Otro caso representativo es el distrito de Barranco, en Lima, donde se observan dinámicas similares a las registradas en algunas ciudades europeas afectadas por procesos de gentrificación. Mientras las políticas de promoción turística impulsan su identidad cultural y bohemia, favoreciendo la apertura de hoteles boutique, restaurantes y alojamientos gestionados mediante plataformas digitales como Airbnb, muchos residentes experimentan un incremento sostenido en el costo de vida y cambios en la dinámica comercial del distrito. Como consecuencia, parte de la oferta tradicional es reemplazada por negocios orientados principalmente a los visitantes, generando tensiones entre el desarrollo económico y la calidad de vida de la población local.

En el norte del país, Máncora constituye otro ejemplo de los desafíos asociados al crecimiento acelerado del turismo. El destino ha consolidado su posicionamiento gracias a sus playas, la práctica del surf y su oferta de entretenimiento nocturno, impulsando inversiones en infraestructura hotelera y proyectos inmobiliarios. No obstante, la expansión urbana y el aumento estacional del flujo de visitantes también han evidenciado limitaciones en servicios básicos como el abastecimiento de agua potable y el sistema de alcantarillado. Estas condiciones afectan tanto a los residentes como a la experiencia de los propios turistas, lo que pone de manifiesto la importancia de planificar el crecimiento del destino con criterios de sostenibilidad.

Hacia un modelo turístico más equilibrado

La transición hacia un modelo turístico sostenible en el Perú requiere superar una visión centrada exclusivamente en el crecimiento del número de visitantes y avanzar hacia una planificación que priorice el equilibrio entre el desarrollo económico, la conservación del patrimonio y el bienestar de las comunidades locales. Para ello, resulta indispensable respetar la capacidad de carga de los destinos turísticos, descentralizar la oferta hacia otros lugares con potencial, fortalecer la planificación territorial y promover una gobernanza participativa que incorpore a la población como un actor estratégico y beneficiario directo de la actividad turística. Solo así será posible consolidar un turismo capaz de generar desarrollo, preservar los recursos culturales y naturales, y contribuir de manera sostenible al bienestar social.

 

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