Encuentra el programa que buscas
Una-tesis-con-identidad

Una tesis con identidad: el reto de escuchar al jurado sin perder el rumbo

Por: Mgtr. Cristhian Anibal Gonzales Nuñez
Docente de la Escuela de Ingeniería Industrial
Campus Chimbote
julio 8, 2026
Compartir
Una-tesis-con-identidad

Algunos días atrás, al finalizar una sustentación preliminar, un estudiante se acercó con una mezcla de preocupación y desconcierto, traía su trabajo de investigación lleno de anotaciones, flechas, tachones y nuevas sugerencias y me dijo: “Profesor, siento que esta investigación ya no es mía”; aquella frase, sencilla pero profunda, resume una realidad que muchos tesistas viven en silencio: el momento en que las observaciones, aunque bien intencionadas, parecen modificar tanto el rumbo del estudio que el investigador empieza a dudar de su propio criterio.

En el proceso de elaborar una tesis, existe una etapa que no siempre aparece en los manuales de metodología, pero que se vive con intensidad en la universidad, el encuentro entre el investigador y el jurado; allí se cuestionan decisiones, se revisan objetivos, se sugieren ajustes y se exige coherencia académica; sin embargo, también surge una pregunta necesaria y formativa: ¿quién diseña la investigación, el jurado o el investigador?

La respuesta parece evidente, pero merece ser recordada, “la investigación la diseña el investigador”, porque es quien identifica el problema, delimita la realidad de estudio, formula los objetivos, selecciona las variables, define el método, recoge los datos y sostiene la coherencia del proceso;  no obstante, esto no significa que trabaje solo ni que su propuesta sea intocable, y es que el jurado cumple una función valiosa: evaluar, advertir vacíos, cuestionar supuestos y contribuir a que el trabajo alcance un mayor rigor académico, pero orientar no es sustituir, sugerir no es imponer y observar no es rediseñar.

Una tesis no debería convertirse en una suma de pedidos aislados agregados únicamente para satisfacer miradas externas, porque cuando eso ocurre, el estudio corre el riesgo de perder su identidad metodológica; a veces, una recomendación puede parecer interesante e incluso útil, pero si no responde al problema planteado, si no guarda relación directa con los objetivos, si no se articula con las variables o si exige datos que no fueron considerados desde el diseño inicial, entonces puede debilitar más que fortalecer la investigación, “no todo lo conveniente es necesariamente pertinente”.

Por ello, el investigador debe aprender a escuchar con humildad, pero también a defender con fundamento, la humildad académica permite reconocer errores, mejorar instrumentos, precisar conceptos y corregir debilidades; mientras que la defensa metodológica permite evitar que la tesis pierda coherencia. Investigar no es obedecer sin criterio, sino tomar decisiones razonadas, cada dimensión, indicador, técnica o instrumento debe responder a una lógica clara, no a la presión del momento, la pregunta central no debería ser “¿qué quiere el jurado que agregue?”, sino “¿qué necesita realmente mi investigación para responder al problema formulado?”.

El jurado, por su parte, también cumple una responsabilidad ética y académica, en ese sentido, su rol no consiste en moldear la tesis según preferencias personales, sino en verificar que el estudio sea coherente, viable, pertinente y riguroso, un buen jurado no impone caminos, sino que abre preguntas, no reemplaza el criterio del tesista, sino que lo fortalece, no busca que la investigación se parezca a la que él hubiera hecho, sino que ayuda a que la investigación del estudiante sea la mejor versión posible de sí misma. En ese sentido, la relación entre jurado e investigador debe entenderse como un diálogo académico, no como una relación de obediencia, en el que el investigador propone y sustenta, el jurado observa y orienta, ambos, desde sus roles, deberían perseguir el mismo propósito que es producir conocimiento válido, útil y coherente, cuando esa relación se distorsiona, la tesis deja de ser una experiencia formativa y se convierte en un trámite de complacencia, pero cuando se maneja con respeto, criterio y argumentos, se transforma en una verdadera escuela de pensamiento crítico.

Defender una investigación no significa cerrarse a las observaciones, sino saber distinguir entre una mejora necesaria y una modificación innecesaria, significa comprender que toda tesis tiene límites, y que esos límites no son defectos si han sido bien justificados, significa aceptar que investigar implica elegir, y que toda elección metodológica deja fuera otras posibilidades, no se puede estudiar todo, medir todo ni demostrar todo en una sola investigación, la calidad de una tesis no depende de cuántos elementos se le agreguen, sino de qué tan bien articulados están sus componentes.

Por eso, ante la pregunta inicial, la respuesta debe ser firme: la investigación la diseña el investigador, pero la fortalece el diálogo crítico con el jurado. El equilibrio está en no confundir acompañamiento con imposición, ni autonomía con soberbia, el verdadero investigador no rechaza las observaciones por orgullo, pero tampoco acepta cambios sin sentido por temor, escucha, analiza, argumenta y decide, al final, una tesis no solo mide la capacidad de aplicar una metodología, sino también la madurez intelectual para sostener una postura, investigar es aprender a pensar con orden, decidir con evidencia y defender con respeto, porque quien diseña la investigación no es quien tiene más autoridad en la sala, sino quien puede explicar, justificar y sostener cada decisión tomada en el proceso.

¡Y ese, sin duda, debe ser el investigador!

Compartir