
IA en la universidad: ¿aliada del aprendizaje o fábrica de profesionales sin pensamiento crítico?
Docente de la Escuela de Enfermería
Campus Tarapoto

La inteligencia artificial puede responder en segundos; formar profesionales capaces de evaluar esas respuestas sigue siendo responsabilidad de la universidad.
¿Qué ocurre cuando un estudiante presenta un trabajo impecable, pero no puede explicar lo que ha escrito? La inteligencia artificial (IA) generativa está transformando la educación superior: redacta, resume y propone soluciones con rapidez, aunque también puede producir errores y referencias inexistentes. En el Perú, el desafío no es aceptarla sin reservas ni prohibirla por completo, sino integrarla de manera que fortalezca el aprendizaje. Sostengo que la IA es una aliada cuando se utiliza con pensamiento crítico, integridad y responsabilidad; cuando sustituye el esfuerzo intelectual, puede debilitar la formación profesional.
Una respuesta correcta no siempre demuestra aprendizaje. La calidad de un texto no garantiza que el estudiante comprenda sus argumentos, verifique las fuentes o pueda defender sus conclusiones. La UNESCO recomienda incorporar la IA en la educación con un enfoque centrado en las personas, que contemple la protección de datos, la equidad y la validación pedagógica (Miao y Holmes, 2023). Por ello, el docente debe evaluar no solo el producto final, sino también la capacidad de explicar, contrastar y justificar lo aprendido.
El pensamiento crítico no se puede tercerizar. Aprender exige analizar información, reconocer supuestos y evaluar evidencias. La IA puede estimular la reflexión si ofrece explicaciones alternativas y preguntas de profundización, pero, si resuelve automáticamente cada tarea, favorece la dependencia. El marco de competencias de IA para estudiantes de la UNESCO propone integrar la ética, la comprensión de la tecnología y una perspectiva centrada en las personas (Miao y Shiohira, 2024). La universidad debe enseñar a cuestionar las respuestas generadas, no solo a solicitarlas.
En Enfermería y Psicología, el problema tiene consecuencias éticas y profesionales. Un estudiante de Enfermería no debe aceptar una interpretación clínica sin verificar los datos; un estudiante de Psicología no debe interpretar un instrumento sin considerar sus límites y el contexto de la persona. La IA puede apoyar simulaciones y estudios de casos, pero no sustituye el juicio profesional ni la supervisión. Tampoco debe ingresarse información identificable de pacientes en plataformas no autorizadas: la confidencialidad sigue siendo una obligación.
Prohibir la IA por completo tampoco resuelve el problema. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 encontró resultados favorables de las intervenciones con ChatGPT en el rendimiento académico y otros indicadores de aprendizaje, aunque sus limitaciones metodológicas aconsejan cautela y una evaluación a largo plazo (Deng et al., 2025). La respuesta educativa consiste en diseñar tareas que hagan visible el razonamiento: defensas orales, resolución de casos, análisis de errores y explicación de las fuentes y decisiones tomadas.
Las universidades deben actuar en cuatro frentes: establecer reglas claras sobre los usos permitidos y la declaración del uso de IA; combinar trabajos escritos con evaluaciones orales y prácticas; capacitar a docentes y estudiantes en ética, verificación y protección de datos; y establecer mecanismos de gobernanza que permitan revisar las herramientas, los riesgos y los resultados educativos. El marco de competencias docentes de la UNESCO ofrece orientaciones para integrar la ética, la tecnología y la pedagogía (Miao y Cukurova, 2024). En el Perú, también corresponde considerar la Ley N.º 31814, que promueve el uso de la inteligencia artificial en favor del desarrollo económico y social del país, y su reglamento.
La IA no es por sí misma una amenaza ni una solución automática. Su valor depende de cómo se utiliza y evalúa. Como médico, maestro en gestión pública y docente universitario, considero que debemos formar profesionales capaces de aprovechar la tecnología sin renunciar al rigor científico, la ética y la autonomía. La universidad no debe competir con las máquinas en velocidad, sino enseñar a las personas a juzgar sus resultados con responsabilidad. ¿Estamos formando estudiantes que utilizan la IA para pensar mejor o profesionales que necesitarán de ella para pensar por sí mismos?