
La visita del papa al Perú: el desafío de convertir un acontecimiento en legado turístico
Directora de la Escuela de Administración en Turismo y Hotelería

La visita del papa León XIV al Perú, prevista del 11 al 16 de noviembre, movilizaría alrededor de 800 mil personas, según las estimaciones de PromPerú. De este total, aproximadamente 50 mil serían visitantes extranjeros, mientras que el resto correspondería a turistas y excursionistas nacionales. La magnitud de estas cifras evidencia el movimiento que puede generar un acontecimiento de esta naturaleza, pero también plantea una pregunta que debería ocupar al sector turismo: ¿cómo convertir una visita de pocos días en una oportunidad que permanezca durante muchos años?
La visita del papa Francisco, en 2018, constituye un antecedente importante. En aquella oportunidad, las estimaciones del sector superaron los 800 mil visitantes y situaron el impacto económico alrededor de los US$ 90 millones. Si bien existen diferencias entre las cifras proyectadas y las reportadas posteriormente por distintas fuentes, aquella experiencia mostró que una visita papal puede trascender su dimensión religiosa y generar movimiento en actividades como el transporte, alojamiento, gastronomía, comercio y otros servicios vinculados al turismo. Ocho años después, el contexto es diferente y la oportunidad puede ser mayor si el país logra aprovechar la atención que genera este acontecimiento.
El impacto de esta visita no debería evaluarse únicamente por el número de personas que lleguen al país o se movilicen entre las ciudades del recorrido. También será necesario observar cuánto tiempo permanecen, cuánto gastan, qué actividades realizan y qué otros destinos visitan. No genera el mismo efecto económico una persona que llega por unas horas para participar en una actividad que aquella que permanece varios días, se hospeda, consume en restaurantes, visita atractivos, compra artesanía y contrata servicios turísticos. En ese sentido, la permanencia y el gasto son indicadores que permitirán comprender mejor el verdadero aporte de este acontecimiento a la actividad turística.
En este punto, el turismo religioso representa una oportunidad que puede ir más allá de la participación en las actividades programadas. La motivación inicial del viaje puede estar relacionada con la fe, pero la experiencia del visitante puede incorporar patrimonio histórico, gastronomía, naturaleza, artesanía, tradiciones y cultura viva. El desafío está en que los destinos sean capaces de transformar esa motivación inicial en una experiencia turística más amplia, que incentive la permanencia y permita descubrir otros atractivos del territorio.
La experiencia de Colombia en 2017, durante la visita del papa Francisco, resulta interesante para observar este proceso. El recorrido incluyó Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena, cuatro ciudades con características y propuestas turísticas diferentes. Según cifras reportadas posteriormente por el Gobierno colombiano, la visita estuvo acompañada de un importante movimiento económico, un incremento de la ocupación hotelera y más de 800 mil turistas extranjeros. Más allá de las cifras, el caso colombiano muestra cómo un acontecimiento de alcance internacional puede convertirse en una plataforma para visibilizar diferentes territorios y poner en valor sus atractivos. El acontecimiento genera atención; corresponde a los destinos transformar esa atención en interés turístico.
Perú tiene hoy una oportunidad similar. “La Ruta de León”, impulsada por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, puede ser mucho más que el recorrido de una visita papal: puede convertirse en una herramienta para acercar a los visitantes al patrimonio, la cultura y las experiencias de las regiones involucradas. Lima, Lambayeque, Cajamarca, Cusco y Ucayali, junto con los demás territorios vinculados al recorrido, tienen la posibilidad de mostrar que el país ofrece experiencias diversas y que la visita puede ser el punto de partida para conocer lugares que quizá no formaban parte de la decisión inicial del viajero.
Lambayeque ofrece una señal que merece especial atención. Según información regional, entre mayo de 2025 y abril de 2026, la denominada “Ruta del papa León XIV” movilizó 1,2 millones de visitantes y generó alrededor de 300 millones de soles. El dato permite observar que el interés asociado a la figura y al recorrido del papa puede mantenerse más allá del momento específico de su visita, abriendo posibilidades para desarrollar rutas, experiencias culturales, propuestas gastronómicas y otros productos que permitan prolongar ese interés en el tiempo.
Sin embargo, transformar una visita en legado requiere mucho más que promoción. Se necesita infraestructura, conectividad, seguridad, información turística y una oferta capaz de convertir el flujo de visitantes en experiencias que generen permanencia y motiven el retorno. Las inversiones que se vienen realizando en los territorios vinculados al recorrido tendrán un valor mayor si no responden únicamente a las necesidades de noviembre, sino si contribuyen a mejorar de manera permanente las condiciones para el desarrollo turístico y para las comunidades locales.
Por ello, el desafío para el Perú no termina cuando concluya la visita. Será necesario observar qué ocurre después: si las nuevas rutas logran consolidarse, si aumenta el flujo hacia las regiones involucradas, si los empresarios locales encuentran nuevas oportunidades, si se fortalecen los productos turísticos y, especialmente, si quienes llegaron motivados por el acontecimiento encuentran razones para regresar. El papa puede ser el motivo inicial del viaje, pero el destino debe convertirse en la razón para quedarse, conocerlo y volver.
La visita tendrá una fecha de inicio y una fecha de término, pero su valor turístico dependerá de lo que permanezca después de noviembre: los destinos que hayan logrado posicionarse, las experiencias que continúen funcionando y las comunidades que puedan beneficiarse de una actividad turística más dinámica. Una visita papal puede durar seis días, pero si el Perú logra convertir la atención que genera en una estrategia de desarrollo turístico, su impacto puede permanecer durante muchos años.