
Ser abogado en el siglo XXI: ¿están las universidades preparando a los futuros juristas para los nuevos desafíos?
Coordinador de la Escuela de Derecho
Campus Chepén

La formación jurídica ya no puede limitarse al conocimiento de códigos o leyes: debe incorporarse inteligencia artificial, pensamiento crítico, ética digital y nuevas competencias profesionales.
El derecho está cambiando y las universidades tienen ante sí una pregunta que ya no puede postergarse: ¿estamos formando abogados para resolver los problemas jurídicos del presente o profesionales capaces de enfrentar los nuevos desafíos socio-jurídicos?
La pregunta cobra especial importancia en un momento en que la profesión jurídica atraviesa una transformación tecnológica acelerada que obliga a revisar los modelos tradicionales de enseñanza. Investigación jurídica asistida por inteligencia artificial, análisis automatizado de documentos, evidencia digital, protección de datos, ciberdelincuencia, contratos inteligentes y sistemas algorítmicos son ya parte del nuevo escenario en el que ejercerán los futuros abogados.
El debate no significa que el conocimiento tradicional del derecho haya perdido importancia. Por el contrario, cuanto más poderosas sean las herramientas tecnológicas, mayor será la necesidad de abogados capaces de interpretar, cuestionar y verificar la información que producen en el ejercicio de la profesión. Por ello, se debe enseñar a utilizar la inteligencia artificial con criterio jurídico, pensamiento crítico y responsabilidad ética.
El desafío ya llegó al Perú
El Perú cuenta actualmente con la Ley N.° 31814, que promueve el uso de la inteligencia artificial para el desarrollo económico y social, y con su reglamento aprobado por el Decreto Supremo N.° 115-2025-PCM. El marco normativo incorpora criterios vinculados con seguridad, ética, transparencia, sostenibilidad, inclusión y respeto de los derechos humanos. Por ello, resulta cada vez más difícil justificar una formación jurídica completamente desconectada de estas materias. El abogado que ejercerá durante las próximas décadas tendrá que comprender, entre otros temas, los siguientes: inteligencia artificial, ciberdelincuencia, evidencia digital, propiedad intelectual en entornos digitales, responsabilidad algorítmica, contratación digital, regulación tecnológica y ética profesional en entornos digitales.
¿Qué abogado necesitamos formar en la actualidad?
El abogado del siglo XXI deberá desarrollar al menos seis competencias básicas:
- Conocimiento jurídico sólido: además de conocer las instituciones fundamentales del derecho, debe manejar las herramientas tecnológicas.
- Pensamiento crítico: debe ser capaz de cuestionar argumentos, interpretar normas y construir posiciones jurídicas propias.
- Argumentación jurídica: debe construir razones y defenderlas con fundamento, no con apreciaciones subjetivas.
- Competencia tecnológica: si bien es cierto que el profesional del derecho debe conocer las herramientas digitales, también debe comprender sus límites.
- Ética profesional: un abogado competente, pero sin ética, puede convertirse en un riesgo para la sociedad.
- Comprensión de la realidad social: más allá de conocer las normas, debe comprender que detrás de cada expediente existe una persona y un conflicto concreto.
El reto para las universidades en la formación del abogado
Uno de los mayores retos de la educación jurídica en las facultades de derecho no consiste en abandonar el modelo tradicional, basado excesivamente en la memorización, sino en complementarlo con nuevas competencias. Un buen abogado no es quien recuerda más artículos. Es quien puede interpretar una norma, identificar un problema, construir argumentos, evaluar pruebas, comprender el contexto social y proponer una solución jurídicamente sostenible.
Por ello, las facultades de derecho deben fortalecer competencias como: argumentación jurídica, litigación oral, investigación, análisis jurisprudencial, pensamiento crítico, ética profesional, competencias digitales, uso responsable de inteligencia artificial y análisis de datos jurídicos. Y, sobre todo, modificar las formas tradicionales de evaluación. Porque si un estudiante puede generar en segundos un texto utilizando inteligencia artificial, evaluar únicamente mediante trabajos escritos tradicionales puede dejar de ser suficiente para medir realmente sus competencias jurídicas.
La universidad debe formar abogados para el mercado laboral, pero también para transformar la sociedad en la que ejercerán y, por qué no, para el mundo que viene.
El abogado del futuro no será sustituido por la IA; será reemplazado por quien sepa utilizarla mejor
Esta frase sintetiza uno de los grandes desafíos de la educación jurídica contemporánea. La inteligencia artificial no necesariamente reemplazará al abogado. Sin embargo, cambiará profundamente la forma de ejercer la profesión legal. Los abogados que aprendan a investigar mejor, verificar información, utilizar tecnología, argumentar y resolver problemas complejos tendrán mayores capacidades para desenvolverse en el nuevo escenario. Sin embargo, no puede reemplazar al abogado, pues la responsabilidad jurídica continúa siendo humana.
Por ello, la discusión no debería ser: ¿IA sí o IA no en las facultades de derecho? La pregunta correcta es: ¿cómo formamos abogados capaces de utilizar IA sin perder el pensamiento jurídico, la ética y la responsabilidad profesional? Esa es la verdadera discusión. Y debe comenzar ahora.
Ser abogado en el siglo XXI exige mucho más que conocer y memorizar leyes. El futuro abogado deberá conocer el derecho, comprender la tecnología, investigar, argumentar, cuestionar la información, actuar éticamente y entender los problemas concretos de su sociedad.
Las universidades tienen una responsabilidad histórica de formar profesionales capaces de enfrentar los problemas jurídicos de hoy y, sobre todo, los problemas que todavía están apareciendo. No deben formar únicamente abogados que sepan aplicar las normas existentes. Porque una universidad que forma buenos abogados, fortalece el sistema de justicia, mejora la calidad de las instituciones y contribuye al desarrollo de toda la comunidad.
El desafío ya está planteado y, en ese sentido, la Universidad César Vallejo forma abogados capaces de comprender la realidad, interpretar el derecho, actuar éticamente y utilizar el conocimiento —incluida la tecnología— para construir soluciones justas.